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La Habana con dos calendarios: uno de averías, otro de actos políticos

Entre apagones que rompen tuberías y detienen la fabricación de hostias, y un centenario de Fidel Castro que el Estado sí logra montar sin fallas, la capital cubana revela cómo se reparte hoy su capacidad organizativa

Lila Fuentes
La Habana con dos calendarios: uno de averías, otro de actos políticos
Imagen ilustrativa generada con IA

En la misma semana de mediados de agosto, La Habana registró una nueva avería que dejó sin agua a cinco municipios, una crisis de hostias por los apagones y un teatro que monta sus obras en un pasillo con luz de sol, mientras el Gobierno celebraba con un espectáculo en el teatro Karl Marx el centenario de Fidel Castro. El patrón, visible en meses de cobertura acumulada, es el de una capital donde la infraestructura básica se sostiene cada vez más con improvisación privada o religiosa mientras el aparato del Estado concentra su capacidad organizativa en el ritual político.

En resumen — En la misma semana de mediados de agosto, La Habana registró una nueva avería que dejó sin agua a cinco municipios, una crisis de hostias por los apagones que afecta a las parroquias de toda la isla y un teatro que monta sus obras en un pasillo con luz de sol. En paralelo, el Gobierno cubano celebró con un espectáculo en el teatro Karl Marx el centenario de Fidel Castro y recibió a más de mil delegados extranjeros para un coloquio sobre su legado. El patrón, visible en meses de cobertura acumulada, es el de una capital donde la infraestructura básica se sostiene cada vez más con improvisación privada o religiosa mientras el aparato del Estado concentra su capacidad organizativa en el ritual político.

En el Monasterio de Santa Teresa y San José, en El Vedado, las Carmelitas Descalzas llevan semanas racionando las hostias que abastecen a todas las parroquias de Cuba. El sacerdote Rolando Montes De Oca lo explicó a ACI Prensa con una frase que resume el problema técnico detrás de la crisis religiosa: "En los momentos que hay luz es muy inestable, es muy poco tiempo. Entonces las religiosas no pueden hacer las hostias, están haciendo muy pocas". La Conferencia Episcopal de Costa Rica, informó CiberCuba el 15 de agosto, envió 20.000 hostias sin consagrar para sostener la celebración de la Eucaristía en la isla, atribuyendo la crisis a "la falta de materia prima como la harina y los constantes apagones de electricidad". Es una iglesia extranjera resolviendo, con una donación, lo que un solo monasterio habanero ya no puede producir para todo un país.

A pocos kilómetros, el Centro Cultural Bertolt Brecht mantuvo esta semana funciones de la obra No se elige ser un héroe, dirigida por Alfredo Reyes, en el pasillo de entrada del edificio, "detrás de unas lonas negras y sobre una estructura de madera improvisada", según describió 14ymedio. El escenario formal quedó inutilizado; la iluminación depende de la luz del día y el sonido de una bocina conectada a un teléfono móvil. El mismo reportaje documenta funciones canceladas en otras salas por falta de público —consecuencia, en parte, del éxodo de actores, directores y técnicos— y por los propios apagones. No es un caso aislado: el archivo de este medio registra, desde marzo, conciertos del Gran Teatro de La Habana interpretados a oscuras y compañías que dependen de generadores de patrocinadores privados para no cancelar sus temporadas.

El agua sigue el mismo patrón, pero con una escala mayor. El 13 de agosto, una rotura en un conducto de 1.000 milímetros del Sistema del Gato —la red que abastece a buena parte de la capital— dejó sin servicio a barrios de Regla, Habana del Este, San Miguel del Padrón, Guanabacoa y Diez de Octubre, según el comunicado de Aguas de La Habana citado por Periódico Cubano. No es la primera vez que ese sistema colapsa este año: en abril, la propia empresa estatal admitió, según recogió 14ymedio, un "colapso del abastecimiento en prácticamente todas las localidades habaneras" que dejó a 200.000 personas afectadas, y CiberCuba documentó en julio a ancianos de Santiago de las Vegas cargando cubos desde una pipa hasta sus casas por la ausencia total de suministro. El director de Acueducto de La Habana, Abel Fernández Díaz, ya había señalado en abril que los paros eléctricos de más de diez horas paralizan el sistema de bombeo de la Cuenca Sur, que abastece a Diez de Octubre, Cerro, Plaza, Centro Habana y Habana Vieja. Cinco meses después, el mecanismo —apagón que detiene la bombeada, tubería vieja que revienta— sigue siendo el mismo.

La cadena de fallas no se detiene en el agua. La avería de la UNE que interrumpió el 14 de agosto los pagos de electricidad por Telebanca en La Habana, reportada por Periódico Cubano, es un síntoma menor pero elocuente: hasta el sistema para pagar la factura eléctrica depende de una infraestructura digital que también falla. Y donde el Estado se retira sin sustituto, lo llena el sector privado a precio de mercado: 14ymedio reportó que, a dos semanas de empezar el curso escolar, la fabricación de uniformes quedó en manos de negocios como Chikyos Confecciones, en El Vedado, donde una saya cuesta alrededor de 1.500 pesos y un short entre 2.000 y 3.000 —cifras que una madre entrevistada por el diario resumió así: "Mi niño está en primer grado y el año pasado solo le dieron un short. Fue a la escuela gracias a que una vecina me regaló los uniformes usados de sus hijos".

Mientras la ciudad se sostiene así —con hostias donadas, teatro de pasillo, pipas de agua y sayas cosidas en un balcón—, el aparato estatal demostró esta semana que conserva intacta su capacidad de organizar espectáculo. El jueves 13 de agosto, el teatro Karl Marx de La Habana acogió el acto central por el centenario del natalicio de Fidel Castro (1926-2016), con la presencia de Raúl Castro, la viuda Dalia Soto del Valle, el presidente Miguel Díaz-Canel y la cúpula del Partido Comunista, según describió 14ymedio. Días antes, el Palacio de Convenciones había albergado el I Coloquio Internacional "Fidel: Legado y Futuro", con más de 1.500 delegados de 63 países, de los cuales, según la cobertura de Canal Caribe recogida por CiberCuba, más de mil eran extranjeros. Ninguna de las fuentes consultadas precisa quién costeó el traslado y la estadía de esos delegados; lo que sí documentan, en paralelo, es que la Feria Internacional del Libro de La Habana —que debió posponerse de febrero a agosto por la crisis de combustible— tuvo que abandonar su sede histórica de 26 años en la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña y trasladarse a una antigua fábrica de bicicletas en El Vedado, con Rusia como país invitado de honor, según reportaron 14ymedio y Diario de Cuba.

El contraste no depende de una lectura externa: la propia Aguas de La Habana admitió el colapso "en prácticamente todas las localidades habaneras"; el propio director de Acueducto vinculó los apagones de más de diez horas con la parálisis del bombeo en la Cuenca Sur; la propia iglesia costarricense atribuyó la crisis de hostias a los apagones. Lo que el conjunto de la cobertura de estas dos semanas permite ver —y que ninguna nota aislada mostraba— es que la capital cubana funciona hoy con dos calendarios distintos y superpuestos: uno de averías que se repiten sistema por sistema desde al menos marzo, resueltas con pipas, generadores prestados y donaciones religiosas; y otro de actos político-culturales que el Estado sí logra montar con la logística intacta de siempre, sin que ninguna avería impida llenar un teatro o inaugurar un coloquio con delegados de 63 países. Los mismos vecinos que en Regla y Guanabacoa esperan el restablecimiento del Sistema del Gato son, en última instancia, quienes deben decidir cuál de las dos Habanas —la que las empresas estatales reconocen que colapsa, o la que el Gobierno pone en escena para el centenario— describe mejor la ciudad en la que viven.

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