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La Habana que se enseña y la Habana que se cae: dos ciudades que ya no se tocan

Mientras el régimen despliega delegaciones extranjeras y actos de Estado por el centenario de Fidel Castro, la capital acumula robos bajo apagón, saqueo patrimonial y un colapso de servicios que ningún discurso internacional logra tapar

Lila Fuentes
La Habana que se enseña y la Habana que se cae: dos ciudades que ya no se tocan
Imagen ilustrativa generada con IA

En la misma semana en que Cuba reunió en el Palacio de Convenciones a partidos comunistas de medio mundo y recibió a delegaciones italianas para el centenario de Fidel Castro, La Habana registró un asalto a mano armada durante un apagón, un cierre generalizado de los puntos de venta de gas licuado, denuncias de robo de electricidad entre vecinos y el deterioro sin freno del patrimonio arquitectónico de la capital. El contraste, documentado por varias fuentes independientes en las mismas 72 horas, expone la distancia entre la ciudad que el Gobierno exhibe a sus visitantes y la que habitan sus vecinos.

La Habana que se enseña y la Habana que se cae: dos ciudades que ya no se tocan

Mientras el régimen despliega delegaciones extranjeras y actos de Estado por el centenario de Fidel Castro, la capital acumula robos bajo apagón, saqueo patrimonial y un colapso de servicios que ningún discurso internacional logra tapar

En resumen — En la misma semana en que Cuba reunió en el Palacio de Convenciones a partidos comunistas de medio mundo y recibió a delegaciones italianas para el centenario de Fidel Castro, La Habana registró un asalto a mano armada durante un apagón, un cierre generalizado de los puntos de venta de gas licuado, denuncias de robo de electricidad entre vecinos y el deterioro sin freno del patrimonio arquitectónico de la capital. El contraste, documentado por varias fuentes independientes en las mismas 72 horas, expone la distancia entre la ciudad que el Gobierno exhibe a sus visitantes y la que habitan sus vecinos.

Pasaban de las once de la noche cuando una pareja de Guanabacoa regresaba a casa en la moto eléctrica que habían comprado con años de ahorro y la ayuda de un familiar emigrado. Ella la necesitaba para conectarse a internet y trabajar como community manager; él, barbero, la usaba para llegar hasta El Vedado y hacer entregas a domicilio. Dos hombres encapuchados los interceptaron en una avenida poco iluminada de la entrada al municipio. "Aparecieron por detrás en una moto de combustión. El que iba atrás llevaba un puñal. Les tiraron cuchilladas y los empujaron con el pie para tumbarlos", relató a 14ymedio una persona cercana a las víctimas. Cuando ambos cayeron al pavimento, los agresores se llevaron la motorina —comprada hace menos de un año por unos 1.300 dólares y que hoy vale cerca de 2.300 en el mercado informal— y aun así apuñalaron al muchacho en el brazo, con una herida que, según el mismo testimonio recogido por 14ymedio, "tenía cuatro dedos de profundidad". La pareja denunció el hecho ante la Policía y, hasta la publicación del reportaje, no había recibido respuesta.

El asalto ocurrió durante uno de los apagones que se han vuelto rutina en la capital, y no es un hecho aislado sino la textura cotidiana de una ciudad que, en la misma semana, el Gobierno cubano usaba como escenario para dos actos de proyección internacional: el XXIV Encuentro Internacional de Partidos Comunistas y Obreros (EIPCO), inaugurado el viernes en el Palacio de Convenciones con la presencia de Miguel Díaz-Canel, y los preparativos del centenario del nacimiento de Fidel Castro, que se cumple el 13 de agosto con un coloquio internacional y la llegada de delegaciones de la izquierda radical italiana —entre ellas la Rete dei Comunisti y Potere al Popolo— cargadas de medicamentos recolectados durante meses, según reportó CiberCuba. El Partido Comunista de Cuba (PCC) convocó a más de 100 organizaciones para el EIPCO; según Diario de Cuba, solo asistieron representaciones de 45.

Esa misma jornada, la Unión Eléctrica pronosticaba un déficit de 2.280 megavatios frente a una demanda de 3.300, de acuerdo con CiberCuba. El dato no es una anécdota aislada: es el trasfondo estructural sobre el que ocurre cada uno de los episodios que la prensa independiente documentó esa semana en la capital. En La Lisa, vecinas del circuito 2073 denunciaron en un video que alguien les corta el suministro eléctrico de forma deliberada para vendérselo a otros mientras ellas permanecen horas a oscuras. "Eso es gracia, eso que están vendiendo la corriente otra gente, es verdad, es verdad que están vendiendo la corriente, es una cosa lógica, ¿por qué la quitan?", preguntó una de ellas frente a la cámara, según CiberCuba. El caso no es nuevo: a mediados de julio, la vecina Elizabeth González Aznar ya había exigido investigar un desvío similar en los mismos circuitos 2073 y 2075, que recibían apenas una hora de servicio diario mientras el circuito A1223 gozaba de entre seis y ocho horas continuas, sin que el Partido Municipal, la Asamblea Municipal ni la empresa eléctrica respondieran. La Unión Eléctrica reconoció el patrón como un "acto aislado de corrupción" y el propio Roberto Morales Ojeda admitió públicamente su existencia el 22 de julio, según CiberCuba.

El gas corrió la misma suerte que la electricidad. Los puntos de ProGas, que apenas dos meses antes habían empezado a vender balitas de gas licuado en dólares como supuesta solución a la crisis de abasto, volvieron a cerrar en La Habana tras agotarse las existencias. "Ahora mismo no hay balitas de gas en ningún sitio de La Habana", dijo a 14ymedio un cliente de Guanabacoa que encontró el local cerrado y sin fecha de reapertura. El cierre devolvió a miles de familias al mismo punto de partida: sin gas subsidiado y sin la alternativa en divisas que el Gobierno había presentado como solución.

La erosión no se limita a los servicios básicos: alcanza también al patrimonio que la propaganda oficial suele invocar como orgullo nacional. El Palacio Aldama, monumento nacional desde 1946 y sede del Instituto de Historia de Cuba desde 1974, permanece cerrado desde que hace dos meses se conociera el robo de 92 vigas de cedro de su estructura, según Diario de Cuba. Ese mismo medio señala que el edificio no muestra, hasta la fecha, señas de labores de contención que estabilicen su estructura ni de la restauración pendiente, y que se desconoce el destino de los responsables del robo. A pocos kilómetros, lo que fue la discoteca Havana Club del Hotel Comodoro —cerrada en 1998 durante la llamada "Operación Lacra", que CiberCuba describe como una ofensiva policial contra la prostitución y el consumo de drogas en el entorno turístico de La Habana que también afectó al Café Cantante y al Palacio de la Salsa— es hoy, según el recorrido documentado por el youtuber VictorG y reseñado por CiberCuba, una ruina de escombros y estalactitas donde quienes se atreven a visitarla reciben advertencias de que no vayan solos: desde los pisos superiores del edificio, personas han arrojado piedras a los visitantes. Y en un canal de drenaje inundado de la capital, un video muestra a varios niños bañándose como si fuera una piscina, una escena que Periódico Cubano vincula con la muerte de Jonathan Oliva, el menor de 13 años que en febrero de 2025 fue succionado por una alcantarilla en Luyanó durante las lluvias.

Este medio ya ha registrado el patrón en otras provincias: en la misma semana, Matanzas se sumó a Guantánamo, Villa Clara y Holguín en la ola de topes de precios a alimentos básicos, después de que el paquete de 176 medidas económicas del Gobierno diera más espacio a la formación de precios privados de lo que las autoridades locales están dispuestas a tolerar. Y el propio archivo de cobertura sobre La Habana muestra que la distancia entre el escenario que el régimen monta para sus visitantes y la ciudad que sus habitantes recorren no es un hallazgo de esta semana: el 8 de agosto, el mismo día en que arrancaba el EIPCO, tanto CiberCuba como 14ymedio publicaron piezas de opinión que señalaban, con otras palabras, el mismo contraste —delegaciones extranjeras en salones climatizados mientras la red eléctrica colapsa y los estantes permanecen vacíos. Que el argumento se repita, con nuevos protagonistas y nuevas cifras, cada pocos días, es en sí mismo un dato: no describe un incidente sino una relación estable entre el aparato de representación del Estado cubano y su capacidad real de sostener los servicios de la ciudad que ese aparato habita.

Los vecinos de La Lisa que ven cómo su corriente reaparece en otro circuito, la pareja de Guanabacoa que perdió sus ahorros a punta de cuchillo durante un apagón, o el cliente de ProGas que solo recibe un "hasta nuevo aviso" en la puerta cerrada, no tienen delegación que los represente en el Palacio de Convenciones. Como resumió una vecina de La Lisa frente a la cámara que documentó el desvío de electricidad en su cuadra: "Tenemos nuestro derecho, igualito que todo el mundo".

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