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Washington separa el discurso de la ejecución: la amenaza militar es el ruido, las sanciones son la política

El mismo día en que Hegseth reiteró que "todas las opciones están sobre la mesa", Bloomberg reveló que la Casa Blanca aparca esa opción y apuesta por asfixiar los ingresos del aparato estatal cubano

Lila Fuentes
Washington separa el discurso de la ejecución: la amenaza militar es el ruido, las sanciones son la política
Imagen ilustrativa generada con IA

Bloomberg reportó el 14 de agosto que la Administración Trump aparca la opción militar sobre Cuba y prioriza reducir al máximo los ingresos del aparato estatal y militar cubano. El mismo día, el secretario de Guerra Pete Hegseth repitió en Panamá que "todas las opciones están sobre la mesa, incluidas las opciones militares", una aparente contradicción que en realidad describe dos funciones distintas de una misma estrategia: la amenaza como presión psicológica, las sanciones como el instrumento que de verdad se ejecuta.

En resumen — Bloomberg reportó el 14 de agosto que la Administración Trump aparca la opción militar sobre Cuba y prioriza reducir al máximo los ingresos del aparato estatal y militar cubano. El mismo día, el secretario de Guerra Pete Hegseth repitió en Panamá que "todas las opciones están sobre la mesa, incluidas las opciones militares", una aparente contradicción que en realidad describe dos funciones distintas de una misma estrategia: la amenaza como presión psicológica, las sanciones como el instrumento que de verdad se ejecuta.

El mismo jueves 14 de agosto, dos funcionarios de la Administración Trump dijeron cosas que, leídas por separado, parecen contradecirse. Desde el destructor USS Gridley, frente a las costas de Panamá, el secretario de Guerra Pete Hegseth advirtió que "todas las opciones están sobre la mesa, incluidas las opciones militares" respecto a Cuba, y adelantó que "en las próximas semanas se verán novedades muy importantes", según recogió Periódico Cubano. Casi al mismo tiempo, Bloomberg publicaba, citando fuentes bajo condición de anonimato, que una intervención militar "no es ahora la prioridad" para Donald Trump, quien preferiría profundizar la presión económica para "reducir al máximo los ingresos del aparato estatal y militar" cubano y forzar así cambios internos, según recogió Diario de Cuba.

No son dos líneas que compitan. Son dos piezas de un mismo diseño, y el conjunto de la cobertura de esta semana —doce artículos fechados el 14 de agosto, más el acumulado de las últimas semanas en el archivo de este medio— permite verlo con más claridad de la que ofrece cualquiera de las noticias sueltas: Washington ha separado deliberadamente el discurso de la ejecución. La amenaza militar circula por el canal de la intimidación —Hegseth, el Pentágono, los destructores frente a Panamá—; la política real corre por el canal del Tesoro y el Departamento de Estado, en forma de listas negras, órdenes ejecutivas y multas.

El patrón no es nuevo esta semana, pero esta semana lo confirma con una nitidez inusual. El propio Bloomberg había informado antes, según recoge Diario de Cuba, que Trump y el secretario de Estado Marco Rubio confiaban en "combinar las sanciones económicas con advertencias sobre posibles medidas más contundentes": la ambigüedad sobre una intervención armada es en sí misma una herramienta de presión, no una decisión pendiente de ejecutarse. Lo que ha cambiado, según la misma fuente, es que la Casa Blanca pondera también "los riesgos que implicaría una desestabilización descontrolada de Cuba" —el temor, que Rubio ha planteado públicamente, a que un colapso abrupto produzca un Estado fallido a apenas 145 kilómetros de Florida, distancia que cita un análisis de Bloomberg recogido por Periódico Cubano.

El instrumento que sí se está usando tiene una arquitectura reconocible para quien ha seguido la cobertura de este medio en los últimos meses. El archivo registra una secuencia casi mensual desde mayo: el 7 de mayo, GAESA fue sancionada bajo la Orden Ejecutiva 14404 firmada por Trump, según CiberCuba; en julio, Ceiba Investments —con negocios con GAESA— suspendió su cotización tras entrar en la lista negra, según Diario de Cuba; el 23 de julio, el Departamento de Estado añadió la terminal de Mariel, una comercializadora de médicos y al ministro de Salud José Ángel Portal Miranda, según 14ymedio; el 6 y el 7 de agosto, dos rondas penalizaron a cinco entidades y ocho altos mandos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias —entre ellos el ministro Álvaro López Miera— por la compra de armamento en China y Rusia, según Diario de Cuba y 14ymedio. El canciller Bruno Rodríguez, en un comunicado citado por EFE y recogido por OnCuba News, cifró en 24 las multas de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) y otras agencias contra terceros países, por más de 4.014 millones de dólares.

Esa cifra —no verificada de forma independiente por este medio, y presentada aquí como dato del propio Gobierno cubano— apunta al terreno donde la estrategia realmente golpea: no a una guerra que casi ningún analista serio da por probable en el corto plazo, sino al flujo de dinero que sostiene tanto al aparato estatal como la vida cotidiana de millones de familias. La prohibición a Fincimex y American International Services (AIS) de procesar remesas, vigente desde septiembre de 2020 y ampliada en enero de 2021 con el Banco Financiero Internacional, según recordó Rodríguez, sigue siendo la pieza de esa arquitectura que más se siente fuera de los despachos oficiales. Cuba recibe entre 2.500 y 3.500 millones de dólares anuales en remesas desde Estados Unidos, de acuerdo con el sitio cubaverso.com citado por OnCuba News, cifra que explicaría por qué ese canal sigue en el centro de la disputa seis años después de haberse cerrado.

Esa distancia entre la política y la vida diaria tiene un ejemplo concreto en la cobertura de esta semana. Periódico Cubano relató el caso de una cubana que, tras cuatro años en Estados Unidos, decidió regresar a la Isla al conocer que la reunificación con su hija —dejada en Cuba cuando era niña— podría demorarse varios años más por el atasco en los trámites migratorios. La mujer aclaró que su regreso no respondía a mejores perspectivas económicas, sino al costo emocional de perderse "cumpleaños, celebraciones y etapas importantes de la niñez", según ese medio. Es un caso individual, no representativo por sí solo de nada más que de sí mismo, pero ilustra un efecto de la política de máxima presión que rara vez aparece en los comunicados de Washington o La Habana: la lentitud burocrática y la incertidumbre migratoria no distinguen entre el aparato que Washington quiere asfixiar y las familias atrapadas en el proceso.

Hay, además, una dimensión que el análisis institucional suele pasar por alto: la política hacia Cuba se ha vuelto, para Marco Rubio, un proyecto tan personal como de Estado. Rubio, nacido en Miami e hijo de inmigrantes cubanos, es descrito por Bloomberg —según Periódico Cubano— como el funcionario que dirige esta ofensiva con un protagonismo que ningún otro político cubanoamericano había alcanzado antes en una Administración estadounidense. Coincidiendo con el centenario del nacimiento de Fidel Castro, el 13 de agosto, escribió en X que el líder cubano "fue un completo fracaso en todo, excepto en destruir Cuba y empobrecer, encarcelar y asesinar a su propio pueblo", según Diario de Cuba. Días antes, en una entrevista con Axios, había dicho que "no hay escapatoria" para el Gobierno cubano y que la Isla estará "en una senda irreversible hacia un futuro muy diferente". Una fuente que lo conoce desde Florida declaró a The Guardian, según Periódico Cubano, que "todos los caminos han conducido a Cuba" para el funcionario.

Lo que separa este momento de otros episodios de tensión entre Washington y La Habana es la combinación de tres factores que rara vez coinciden: una estrategia económica ya ejecutada durante meses y documentada en rondas sucesivas de sanciones, un funcionario con mando militar que mantiene deliberadamente abierta la ambigüedad sobre el uso de la fuerza, y un secretario de Estado para quien el resultado tiene, además de un peso geopolítico, un significado biográfico. Ninguno de esos tres elementos es, por separado, una novedad. Juntos, y fechados en la semana del centenario de Fidel Castro, describen una Administración que ha optado, de momento, por ganar la disputa con Cuba en los libros de cuentas de GAESA antes que en un campo de batalla.

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