'Si vuelvo a Cuba dejo de ser persona': el portero cubano que desertó horas antes de la inauguración en Santo Domingo
Moisés David Torres Puig, de 21 años, relató un salario de menos de siete dólares al mes, la vigilancia de un agente de la Seguridad del Estado y la persecución que sufrió tras huir de la delegación cubana en los Juegos Centroamericanos
Lila Fuentes
Moisés David Torres Puig, portero cubano de hockey sobre césped de 21 años, relató por qué desertó de la delegación cubana en los Juegos Centroamericanos de Santo Domingo: un salario mensual equivalente a menos de siete dólares, la vigilancia de un agente de la Seguridad del Estado y la persecución posterior de sus excolegas. Es uno de al menos cinco atletas cubanos que abandonaron la delegación durante el evento.
En resumen — Moisés David Torres Puig, portero cubano de hockey sobre césped de 21 años, relató en una entrevista radial dominicana los detalles de su fuga de la delegación cubana en los Juegos Centroamericanos de Santo Domingo: un salario mensual de 3.500 pesos cubanos —menos de siete dólares—, la vigilancia de un agente de la Seguridad del Estado y los mensajes de excolegas dominicanas que lo alertaron de que lo buscaban tras su huida. Es uno de al menos cinco atletas cubanos que abandonaron la delegación durante el evento.
El golpe en la cara se lo llevó en un entrenamiento, días antes. Moisés David Torres Puig lo guardó, sin saberlo todavía, como la excusa que necesitaría después. El 24 de julio, horas antes de que arrancara la ceremonia inaugural de los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe de Santo Domingo 2026, jugaba un amistoso femenino entre las selecciones de hockey sobre césped de Cuba y República Dominicana —él no era titular esa tarde, pero estaba ahí, cerca del contacto que había cultivado por WhatsApp desde 2025 sin haberlo visto nunca en persona—. Pidió hielo para la contusión. Se sentó en las gradas, lejos, "para que no sospecharan". Minutos después pidió permiso para desechar las compresas usadas y, en ese momento, aprovechó para alejarse del grupo, según relató en el programa dominicano Esto no es radio y reprodujo Diario de Cuba.
Lo que siguió fue un cambio de ropa —"él me dio su abrigo, el pantalón, yo le di la bermuda", narró Torres Puig, citado por Diario de Cuba— y un Uber pedido desde el celular de un desconocido que se había convertido, esa tarde, en la única persona con la que contaba en un país donde nunca había puesto un pie. Torres Puig, natural de Las Tunas y de 21 años, fue el primer atleta cubano en desertar en esos Juegos, según reportó 14ymedio el 24 de julio, el mismo día de la fuga. No sería el único: para mediados de agosto, la cifra había subido a cinco, con la salida de los esgrimistas Adam Núñez y Hershey Daniela de la Cruz, el jardinero de softbol Yasmani Álvarez y la remera Leah Daniela Almeida, medallista de oro apenas días antes de fugarse, según reportó también 14ymedio.
Torres Puig guardó silencio durante semanas. Cuando habló, un mes después de la fuga, lo hizo para explicar no solo cómo escapó sino por qué. Contó que vivía internado en una escuela deportiva de La Habana, lejos de su familia en Las Tunas, junto a otros 24 atletas distribuidos en dos habitaciones, según relató a Esto no es radio y recogió Periódico Cubano. Entrenaba dos veces al día, de nueve a once de la mañana y de dos a cuatro de la tarde. Por ese régimen recibía un salario mensual de 3.500 pesos cubanos —menos de siete dólares, según el cálculo de 14ymedio—, mientras una sola comida podía costarle entre 1.000 y 2.000 pesos, es decir, hasta más de la mitad de su sueldo mensual en un solo plato (cálculo propio: 2.000/3.500 ≈ 57%), según los propios montos que dio a conocer Periódico Cubano. Contó que algunos días se quedaba sin desayuno.
La vigilancia, dijo, era constante. Según su testimonio a Esto no es radio, citado por Diario de Cuba, un agente de la Seguridad del Estado viajaba con el grupo y se presentó ante los deportistas con una frase que Torres Puig recordó de memoria: "Yo soy el que los va a cuidar a ustedes". El día en que decidió irse, aseguró, "el de la seguridad sí me estaba mirando extraño". A los cubanos, además, no les permitían salir de la villa deportiva, a diferencia de las demás delegaciones, según su relato. La versión de un control organizado por la Seguridad del Estado dentro de la delegación cubana no quedó aislada al testimonio de un solo atleta: una investigación del diario dominicano Diario Libre, reproducida por CiberCuba y por Periódico Cubano el 19 de agosto, documentó agentes infiltrados en las instalaciones de los Juegos para vigilar a los deportistas cubanos y evitar más deserciones.
Después de irse, Torres Puig permaneció conectado a sus redes, un descuido que le costó una alerta urgente. "Personas del equipo de hockey femenino de la República Dominicana me escribieron: 'te están intentando localizar, desconéctate'", relató, según Diario de Cuba. Le advirtieron, además, que agentes del DICRIM —la Dirección Central de Investigaciones Criminales dominicana— buscaban un localizador para encontrarlo. El propio Torres Puig aclaró, según reportó Periódico Cubano, que nunca tuvo contacto directo con autoridades dominicanas y que la información sobre esas gestiones le llegó de terceros.
El temor a volver no es abstracto para él: dijo a Esto no es radio, según recogió 14ymedio, que podría enfrentar una acusación de "traición a la patria" y hasta ocho años de prisión si regresara a Cuba, además de quedar apartado de su carrera deportiva y afectado psicológicamente por haberse atrevido a desertar. Prefirió eso —dejar atrás también su carrera universitaria en la Isla— a la alternativa que resumió en una frase que ahora titula su historia en al menos tres medios: "Si vuelvo a Cuba, dejo de ser persona".
La fuga de Torres Puig y las otras cuatro no ocurrieron en el vacío diplomático. Días después de que la última se conociera, República Dominicana expulsó a diez diplomáticos cubanos y sus familiares destacados en Santo Domingo; el medio dominicano El Día atribuyó esa expulsión a actividades de inteligencia no autorizadas y no a las fugas de los atletas, según recogió 14ymedio. Torres Puig, por su parte, negó durante la entrevista haber llegado a tener contacto con empleados de la embajada cubana. Lo que sí confirmó, con nombre y en primera persona, fue lo otro: que en la villa donde se preparaba para representar a Cuba en un torneo internacional, la vigilancia no terminaba cuando sonaba el silbato de un entrenamiento.
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