El nieto de Raúl Castro que Washington corteja también aparece en el expediente de un traficante condenado
Un integrante de la Mafia Cubana de Quintana Roo aseguró haber pagado con una lancha, un Rolex y ropa de lujo a Raúl Guillermo Rodríguez Castro para mantener abiertas sus rutas de contrabando, según documentos judiciales citados por The New York Times
Lila Fuentes
Un traficante de personas condenado a 25 años de prisión aseguró haber entregado una lancha, un Rolex, una moto y ropa de lujo al nieto de Raúl Castro a cambio de que la Aduana y la Guardia Costera cubanas no interfirieran con las rutas de contrabando de la Mafia Cubana de Quintana Roo, según documentos judiciales citados por The New York Times. El señalamiento llega mientras Washington eleva a ese mismo hombre, conocido como 'El Cangrejo', a interlocutor de primer nivel para una eventual transición en Cuba.
En resumen — Un traficante de personas condenado a 25 años de prisión aseguró haber entregado una lancha, un Rolex, una moto y ropa de lujo al nieto de Raúl Castro a cambio de que la Aduana y la Guardia Costera cubanas no interfirieran con las rutas de contrabando de la Mafia Cubana de Quintana Roo, según documentos judiciales citados por The New York Times. El señalamiento llega mientras Washington eleva a ese mismo hombre, conocido como 'El Cangrejo', a interlocutor de primer nivel para una eventual transición en Cuba.
El 11 de agosto, The New York Times publicó un extenso reportaje que sitúa a Raúl Guillermo Rodríguez Castro, coronel del Ministerio del Interior y nieto de Raúl Castro, dentro del entramado de la Mafia Cubana de Quintana Roo, la organización que durante más de una década trasladó de forma clandestina a miles de cubanos hacia México y, después, hacia Estados Unidos. El señalamiento no proviene de un fiscal ni de una sentencia: proviene de José Miguel González Vidal, uno de los seis integrantes de la red que se declararon culpables ante la justicia estadounidense, condenado a 25 años de prisión bajo la ley RICO por conspiración y tráfico de migrantes, según recogieron 14ymedio, Diario de Cuba y Periódico Cubano al reproducir el reportaje del diario neoyorquino. La prensa cubana independiente replicó la historia el mismo día, y horas después Periódico Cubano añadió una tabla con el valor estimado de los regalos. Ese ritmo —una fuente, tres medios, una sola jornada— es también parte de la historia: no hay una segunda fuente judicial independiente que confirme el testimonio de González Vidal, y así lo advirtieron los tres medios que lo reprodujeron.
Según la versión de González Vidal citada en los documentos judiciales, Rodríguez Castro recibió una lancha de alto rendimiento Fountain 38, un reloj Rolex, una motocicleta Suzuki y ropa de la marca Louis Vuitton, a cambio de facilitar el paso por la Aduana cubana de mercancías que la red adquiría en México con tarjetas de crédito robadas, y de evitar la intervención de las tropas guardafronteras durante los traslados de migrantes. Periódico Cubano calculó, a partir de precios de mercado, que el conjunto de esos obsequios pudo costar entre 143.000 y 285.000 dólares —un cálculo del propio medio, no una cifra que conste en los documentos judiciales, que según el reportaje no especifican los modelos exactos de los artículos entregados. Investigadores citados por el Times señalaron que la red sobornaba a Rodríguez Castro para mantener abiertas esas rutas, y dijeron haber hallado mensajes de texto y de voz en teléfonos de integrantes del grupo que respaldarían partes del relato, de acuerdo con lo reportado por Periódico Cubano. Hasta el momento, el nieto de Raúl Castro no ha sido acusado formalmente de ningún delito en Estados Unidos. El Gobierno cubano calificó las acusaciones de "calumnias", y Rodríguez Castro no respondió a las solicitudes de comentarios del diario estadounidense, según reportó 14ymedio.
La escala de lo que ese entramado movía es lo que convierte el señalamiento en algo más que un rumor de corte palaciego. La Mafia Cubana de Quintana Roo operó desde al menos 2009 robando embarcaciones de lujo y equipos náuticos en el suroeste de Florida para usarlos en travesías clandestinas entre Cuba, México y Estados Unidos, según el recuento de 14ymedio basado en el reportaje del Times. La operación que terminó por desmontarla, bautizada Sísifo por el FBI y la Oficina de Investigaciones de Seguridad Nacional, tardó más de diez años y ha permitido condenar a más de 30 miembros y colaboradores del grupo desde 2012, según Diario de Cuba. Por esa vía salieron de Cuba, además de miles de connacionales anónimos, los peloteros Yasiel Puig y Adeiny Hechavarría, de acuerdo con 14ymedio. Y el costo humano de esas travesías no fue solo económico: los fiscales documentaron que la organización cobraba unos 10.000 dólares por persona y que, cuando el pago no llegaba, algunas víctimas eran retenidas, golpeadas o amenazadas, según recoge Periódico Cubano; Diario de Cuba cita los documentos judiciales para precisar que unas 25 personas murieron durante esas travesías.
El contraste que da forma al patrón no está en un solo artículo, sino en lo que el archivo de cobertura de las últimas semanas deja ver en conjunto. El 6 de agosto, cinco días antes del reportaje del Times, Periódico Cubano informó que altos funcionarios estadounidenses habían convertido a Rodríguez Castro, en encuentros celebrados en La Habana entre abril y mayo, en uno de sus principales interlocutores dentro de Cuba, en momentos en que crecen las versiones sobre su ascenso dentro del aparato de poder. Un mes antes, el 6 de julio, 14ymedio recogió una entrevista de Rodríguez Castro con USA Today en la que él mismo se presentaba como la persona ideal para negociar con Washington, y llegaba a decir: "Me duele mucho que las personas no puedan vivir como yo". La misma semana en que el Times publicaba el señalamiento del traficante, otro artículo de la mesa —un perfil publicado un día antes en este medio— ya documentaba que Rodríguez Castro figura entre los nombres que Washington evalúa para una eventual transición política en Cuba. Es decir: el hombre al que Washington eleva como puente hacia el futuro de la Isla es, según el testimonio de un traficante condenado, el mismo que habría cobrado en lanchas y relojes por dejar pasar el contrabando que sostenía esa misma red.
Esa coincidencia de calendarios no prueba una cosa por la otra —ni el reportaje del Times ni ninguno de los medios que lo replicaron sostienen que Washington supiera del señalamiento antes de sentarse a negociar—, pero sí expone la fragilidad del criterio con el que se eligen los interlocutores de una eventual transición: la misma cercanía al poder que convierte a alguien en canal de diálogo es la que, según los documentos judiciales citados por el Times, le habría permitido operar sin fricción con una red criminal durante años. No es un fenómeno nuevo en la relación entre el aparato de poder cubano y las estructuras que se benefician de sus fronteras porosas: el propio caso de la Mafia de Quintana Roo, con más de 30 condenados desde 2012, muestra que sostener rutas de tráfico de personas y mercancías durante más de una década exige, casi por definición, algún grado de tolerancia o complicidad del lado cubano de la frontera. Lo que cambia ahora es el nombre que aparece del lado cubano: no un oficial de aduana anónimo, sino un coronel del MININT con apellido Castro.
Queda, además, una pregunta que ninguno de los cuatro artículos de esta cobertura responde y que tampoco corresponde a este medio resolver por su cuenta: qué hará Washington con un señalamiento de esta naturaleza sobre un interlocutor que ya se sienta a su mesa. El expediente de González Vidal fue sellado recientemente por un juez federal, una medida que, según recoge Diario de Cuba, en ocasiones se adopta cuando un acusado coopera con los fiscales —lo que sugiere que la causa, y con ella el nombre de Rodríguez Castro, sigue abierta dentro del sistema judicial estadounidense. Mientras tanto, el propio Rodríguez Castro no ha sido acusado de nada, y su gobierno ya fijó su versión: "calumnias". Entre esas dos palabras —el testimonio sellado de un traficante condenado y la desmentida oficial de un régimen que no permite verificación independiente— se mueve, por ahora, todo lo que se sabe con certeza.
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