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Un sándwich cubano en Belfast, atrapado por un banco que vio la palabra 'Cuba'

Carlos Argüelles pasó casi dos meses sin cobrar los repartos de Deliveroo tras un bloqueo bancario ligado a las sanciones de Trump; la presión pública resolvió el caso esta semana

Lila Fuentes
Un sándwich cubano en Belfast, atrapado por un banco que vio la palabra 'Cuba'
Foto: Facebook/Cuban Sandwich Factory

Carlos Argüelles, propietario de Cuban Sandwich Factory en Belfast, dejó de recibir los pagos de Deliveroo desde mediados de junio porque un banco estadounidense bloqueaba las transferencias al detectar la palabra "Cuba". La deuda superó las 7.000 libras y afectó el 30% de su facturación, hasta que la presión pública logró que le pagaran esta semana.

En resumen — Carlos Argüelles, propietario de Cuban Sandwich Factory en Belfast, dejó de recibir los pagos de Deliveroo desde mediados de junio porque un banco estadounidense bloqueaba las transferencias al detectar la palabra "Cuba". La deuda superó las 7.000 libras y afectó el 30% de su facturación, hasta que la presión pública logró que le pagaran esta semana.

Carlos Argüelles llevaba semanas sin dormir bien. El dueño de Cuban Sandwich Factory, una pequeña cafetería de sándwiches cubanos en el centro de Belfast, había pasado casi dos meses viendo cómo se acumulaba una deuda que no era suya y que, sin embargo, amenazaba con hundir el negocio, mientras cumplía ya 28 años viviendo en Irlanda del Norte, la mitad de ellos en la capital. El miércoles, por fin, pudo escribir en redes sociales: "¡Nos pagaron! Muchísimas gracias a la gente maravillosa de Belfast por su solidaridad. Gracias a los periodistas que escucharon nuestra historia. Gracias a Deliveroo por presionar a Citibank. Es asombroso lo rápido que se pueden resolver las cosas gracias al poder de la gente, pero es increíble que una tienda de sándwiches en Belfast pueda verse afectada por las sanciones de Trump", según recogió 14ymedio.

El problema había empezado en junio, cuando Deliveroo, la plataforma británica de reparto a domicilio, dejó de entregarle los pagos que le correspondían por los pedidos hechos a través de la aplicación. Según reconstruyó 14ymedio, el banco estadounidense que procesa esas transferencias había incrementado las medidas contra personas y empresas ligadas a Cuba, y el nombre del negocio de Argüelles bastó para activar el filtro. La deuda acumulada llegó a superar las 7.000 libras esterlinas —unos 9.500 dólares—, una cifra que golpeaba directamente el 30% de la facturación de la empresa, la parte que dependía de los repartos a domicilio.

"Parece que hay un disparador automático en cuanto aparece la palabra Cuba", explicó Argüelles al Irish Times, el diario que sacó a la luz el caso el martes 1 de septiembre, según reprodujo OnCuba News. El propietario insistió en que la responsabilidad no era de la plataforma de reparto —cuyo representante, de hecho, le había aconsejado no suspender el servicio— sino del banco estadounidense intermediario que procesa los pagos.

Ante la falta de pago, Argüelles se vio obligado a tomar una decisión que golpeaba tanto su negocio como a su personal: suspender los pedidos a domicilio. "Es una situación terrible, ya que también afecta a mis pedidos. He tenido que cancelar algunos de ellos a mis proveedores. La carne, el pan... todo se verá afectado. No es una buena situación", contó a la prensa norirlandesa, de acuerdo con 14ymedio. Los salarios y el trabajo efectivo de parte de su personal dependían en buena medida de esos repartos.

El empresario no ocultó su frustración con el origen del problema. "Trump está intentando dificultar las cosas a cualquiera o cualquier cosa relacionada con Cuba, incluso a una pequeña tienda de sándwiches en Belfast", denunció, "triste y enojado", según describió 14ymedio. A la BBC le explicó que, a su juicio, el sistema informático del banco había identificado erróneamente su negocio como una entidad sujeta a las sanciones estadounidenses recientemente endurecidas: "No es intencional, pero no es justo", dijo, y añadió una definición que resume el fondo del caso: "Soy de Cuba. Este es un restaurante cubano. Vendemos sándwiches cubanos", declaró, según recogió OnCuba News.

No era la primera vez que la política de Washington lo alcanzaba en su rincón de Irlanda del Norte. Según relató a la prensa y consignó OnCuba News, durante el primer mandato de Trump ya había vivido una situación parecida, cuando un representante de Deliveroo le pidió que demostrara su residencia en el Reino Unido. Argüelles vive en Irlanda desde 1998, cuando se mudó desde Cuba para casarse con una mujer del condado de Antrim; tiene familia en la isla, afectada, según dijo, por las mismas sanciones.

El desenlace llegó rápido una vez que el caso se hizo público. Después de que Argüelles anunciara en redes sociales la suspensión del servicio, dijo haber recibido una avalancha de mensajes de apoyo. "Es una situación horrible", resumió, según OnCuba News. El Irish Times reportó que el banco finalmente liberó la deuda tras el revuelo mediático, y el propio Argüelles atribuyó el desenlace a la presión conjunta de vecinos, periodistas y de la propia Deliveroo sobre Citibank.

El caso de Cuban Sandwich Factory no ocurrió en el vacío: el archivo de este medio registra en las últimas semanas un endurecimiento paralelo de las sanciones de la Administración Trump contra Cuba, con nuevas designaciones y mayor exposición para bancos que aún operan con la isla. Lo distintivo del episodio de Belfast es a quién terminó alcanzando ese engranaje: no a un funcionario cubano ni a una empresa vinculada al Estado, sino a un cafetín de sándwiches a miles de kilómetros de Miami y de La Habana, cuyo único vínculo con la isla era el nombre en la fachada. Medios cubanos oficialistas como Cubadebate también se hicieron eco del caso, señalando, según recogió OnCuba News, cómo ilustra "con precisión quirúrgica" el alcance extraterritorial de las sanciones contra el Gobierno de la isla.

Argüelles, que respira ahora con más calma, resumió el episodio con una frase que quedó flotando después de la victoria: para que una pequeña tienda de sándwiches en Belfast dejara de estar bloqueada por un banco de Estados Unidos, hicieron falta periodistas, vecinos solidarios y una plataforma de reparto dispuesta a presionar a su propio intermediario financiero.

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