Tres vías, un solo destino: cómo Washington y La Habana gestionan al cubano común sin necesitar acuerdo entre sí
Comercio récord, diplomacia frágil y una red de terceros países para la deportación conviven sin coherencia entre ellas, mientras el costo humano recae siempre en el mismo lugar
Lila Fuentes
El vínculo entre Estados Unidos y Cuba se fracturó en tres vías paralelas y sin coherencia entre sí: un comercio privado que rompe récords, una diplomacia oficial dependiente del ánimo de un solo funcionario, y una red creciente de terceros países para deportar cubanos. En las tres, el costo lo asume el cubano de a pie.
En resumen — El vínculo entre Estados Unidos y Cuba ya no es una sola relación sino tres que operan en paralelo: un comercio privado que rompe récords históricos, una diplomacia oficial que depende de la temperatura de un solo funcionario, y un aparato migratorio que envía cubanos a Liberia, Guinea Ecuatorial o Guyana antes que a la propia Cuba. Ninguna de las tres pistas está diseñada para aliviar la vida de un cubano concreto, y la cobertura acumulada entre julio y septiembre lo muestra con nitidez.
En Austin, Texas, una migrante cubana con un formulario I-220A vigente se presentó el 20 de agosto a una cita de rutina con el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) convencida de que su caso era distinto al de otros que sí habían sido detenidos. "Veía a muchas personas y decía: 'No tiene por qué pasarme a mí, no a todo el mundo le va igual'", contó después en un testimonio publicado en redes sociales y recogido por Periódico Cubano. Le pidieron que entregara su cartera a su hermana por si acaso. Salió nueve meses después, tras pasar por tres centros de detención. A cientos de kilómetros, en un centro de ICE en Texas, otro cubano —cuya identidad no ha sido revelada— inició una huelga de hambre; un juez federal autorizó esta semana alimentarlo por la fuerza mediante una sonda gástrica, según reportó The Guardian y confirmó Periódico Cubano. Ninguno de los dos casos tiene relación directa con el otro, salvo una: ambos ocurren mientras Washington y La Habana insisten, cada uno a su manera, en que el diálogo bilateral sigue vivo.
Esa coexistencia —comercio en expansión, diplomacia formal intacta y un trato cada vez más duro a los cubanos ya en territorio estadounidense— es el patrón que ninguna noticia aislada capta, pero que el conjunto de la cobertura sí revela: la relación se fracturó en tres vías que rara vez se cruzan, y en las tres el cubano de a pie es la variable que se ajusta, no la que se protege.
La vía comercial es la que mejor ilustra la paradoja. Las exportaciones estadounidenses a Cuba alcanzaron en julio un récord mensual de 148,9 millones de dólares, impulsado por 61,1 millones en combustible comprado por el sector privado cubano, según los datos citados en la cobertura reciente sobre comercio bilateral. El archivo propio documenta la escalada: en mayo el combustible exportado al sector no estatal cubano rondaba los 24 millones de dólares (OnCuba News, 30 de julio); para el primer semestre completo, Estados Unidos ya le había vendido a Cuba más combustible que en los 24 años anteriores juntos —setenta y cinco veces más—, según OnCuba News del 5 de agosto, con base en cifras del US Census Bureau. Ese comercio crece, según documentó OnCuba News, mientras Washington mantiene el bloqueo petrolero contra el Estado cubano: la excepción que permite comprar a privados convive con sanciones que, según ese mismo medio, han disparado los apagones en la isla.
La vía diplomática es la más frágil de las tres porque depende de personas, no de instituciones. El 5 de septiembre, Diario de Cuba reportó que el teniente coronel Raúl Guillermo Rodríguez Castro —nieto de Raúl Castro, apodado "El Cangrejo"— "interpeló con furia" al equipo negociador estadounidense tras una visita del FBI a dos parientes suyos en Miami, Carlos Ernesto y Camilo Pérez-Oliva González, hijos del viceprimer ministro Óscar Pérez-Oliva Fraga. "Estaba furioso. Les dijo a los estadounidenses que esa actuación contra los hijos de Oscar era inaceptable y que minaba cualquier posibilidad de diálogo", dijo a Martí Noticias un funcionario no identificado, según recogió Diario de Cuba. Una fuente del Departamento de Estado negó que las conversaciones estuvieran en peligro y afirmó que continúan, lo que contradice la versión del propio régimen: el viceministro Carlos Luis Jorge Méndez había dicho a USA Today el 30 de agosto que ambos gobiernos habían suspendido el diálogo "hasta encontrar puntos en común". Que la continuidad de una negociación de Estado dependa del ánimo del guardaespaldas de un exdictador nonagenario no es anecdótico: es la forma que ha tomado esta vía, sostenida más por vínculos familiares y funcionarios sin nombre que por acuerdos verificables.
La tercera vía, la migratoria, es la que más toca a los cubanos comunes y la que más se ha expandido en los últimos dos meses. Desde julio, Estados Unidos ha ido sumando países dispuestos a recibir migrantes que no pueden o no quieren ser devueltos directamente a Cuba: Uruguay negocia desde entonces un acuerdo en ese sentido, según reportaron 14ymedio y OnCuba News el 30 de julio; Liberia recibió el 20 de agosto su primer vuelo con deportados cubanos y venezolanos, dentro de un pacto para hasta 1.200 deportados en doce meses; cinco de ellos, tres cubanos entre ellos, se negaron a desembarcar y terminaron en Guinea Ecuatorial días después. A comienzos de agosto, migrantes cubanos denunciaron haber sido enviados sin previo aviso a la República Centroafricana. Y este sábado, según CiberCuba citando a AFP, Guyana se sumó a esa red: aceptará un número "limitado y verificado" de deportados sin antecedentes penales que hayan elegido voluntariamente ese destino, en un acuerdo que Georgetown describió como "estrictamente transitorio". El patrón —de Uruguay a Liberia, de Guinea Ecuatorial a Guyana— muestra que la ruta hacia terceros países dejó de ser excepción para convertirse en arquitectura: cuando Washington no puede o no quiere devolver a un cubano a Cuba, un tercer gobierno, a menudo lejano y sin vínculo previo con el migrante, hace de destino de tránsito.
Esa arquitectura migratoria golpea también puertas adentro de Estados Unidos, con reglas que se endurecen sin ruido. Un fallo de la Junta de Apelaciones de Inmigración emitido el 3 de septiembre —el caso Matter of Ifeanyi Emmanuel Diji, según reportó Periódico Cubano— permite ahora que el Departamento de Seguridad Nacional notifique una audiencia de deportación a la última dirección registrada por el inmigrante, incluso si es anterior al inicio formal del proceso; quien se mude sin actualizar ese dato puede terminar deportado en ausencia, sin haber recibido nunca el aviso. La medida elimina una protección vigente desde 2001. En Florida, a partir del curso 2027-2028, estudiantes sin estatus migratorio legal no podrán matricularse en ciertas universidades públicas, según la Junta de Gobernadores del sistema universitario estatal, citada por Telemundo 51; organizaciones educativas calculan que unos 8.000 jóvenes se gradúan cada año de escuelas secundarias del estado en esa situación. Son reglas que no distinguen entre nacionalidades, pero que, sumadas a las rutas de deportación y al endurecimiento de las condiciones de detención, configuran un terreno cada vez más estrecho para la comunidad cubana.
Las tres vías conviven sin necesitar coherencia entre sí: nada obliga a que el comercio récord se traduzca en un trato migratorio más flexible, ni a que el diálogo diplomático mejore las condiciones de un detenido en Texas. Mientras el sector privado cubano compra combustible a un ritmo sin precedentes y un teniente coronel se enfada por una visita del FBI a sus primos, una mujer que se presentó voluntariamente ante ICE pasa nueve meses detenida por decir, según su propio relato, "soy cubana, tengo I-220A". Su consejo a otros migrantes, recogido por Periódico Cubano, resume lo que ninguna de las tres vías institucionales le ha ofrecido hasta ahora: "Respáldense".
Escrito por Lila Fuentes
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