Tres minutos con mi madre, a través de Yolanda y su teléfono prestado
Un cubano en Berlín reconstruye la odisea de llamar a su madre en Villa Clara el día de su cumpleaños, cuando los apagones cortan la electricidad, el internet y, casi, la posibilidad de decir feliz cumpleaños
Lila Fuentes
Un cubano radicado en Berlín relata, en un testimonio publicado por 14ymedio, cómo intentó felicitar a su madre en Villa Clara por su cumpleaños en medio de un apagón que dejó sin batería los teléfonos de la casa. Solo logró hablar con ella tres minutos, prestados por una vecina, antes de que la llamada se cortara.
En resumen — Un cubano radicado en Berlín relata, en un testimonio publicado por 14ymedio, cómo intentó felicitar a su madre en Villa Clara por su cumpleaños en medio de un apagón que dejó sin batería los teléfonos de la casa. Solo logró hablar con ella tres minutos, prestados por una vecina, antes de que la llamada se cortara.
A las cinco de la tarde terminó su jornada de trabajo en Berlín, pero llevaba desde la mañana con el cuerpo en Alemania y la cabeza en Cuba. Durante el turno miró el reloj varias veces, no porque quisiera que acabara, sino porque hacía cálculos con la diferencia horaria: ese día su madre cumplía años en Villa Clara y solo pensaba en una cosa, lograr hablar con ella antes de que terminara el día de su cumpleaños en la Isla. Así lo cuenta el autor de "Tres minutos para el cumpleaños de mi madre", publicado el 2 de agosto por 14ymedio.
Al llegar a casa ni siquiera se cambió de ropa. Lo primero que hizo fue comprar minutos internacionales. No podía llamar por WhatsApp, y los mensajes que enviaba no podían ser entregados: sin electricidad tampoco hay internet, y cuando los apagones duran casi todo el día, escribe, una videollamada es un lujo prácticamente imposible. Quería escuchar la voz de su madre, aunque fueran solo unos minutos, saber cómo estaba y desearle un feliz cumpleaños con su propia voz.
Marcó el teléfono de la casa. Daba apagado. Siguió esperando, así hasta las 11:30 de la noche en Berlín —las 5:30 de la tarde en Cuba—. Intentó volver a llamar; nadie respondió. Volvió a llamar. Nada. "En Cuba, una llamada depende de demasiadas cosas", escribe en el texto: que haya electricidad, que los teléfonos tengan batería, que haya cobertura y conexión, y que alguien pueda contestar. No le sorprendió el silencio: imaginó los teléfonos descargados sobre una mesa, esperando esa única hora de electricidad que muchas veces reciben durante el día. En Cuba, apunta, ya nadie da por hecho que un teléfono estará encendido.
Entonces marcó el número de Yolanda, la vecina que aún, por suerte, tiene un teléfono con minutos, aunque también sujeto a la batería. Se ha convertido, sin proponérselo, en el puente entre su familia y él cuando los apagones dejan incomunicada la casa de sus padres. Solo dispone de unos minutos entre las tres y las cinco, dice, porque el teléfono de Yolanda es "para urgencias".
—Hola, Yolanda. ¿Cómo está? —le preguntó.
—¡Oye mi niño! Qué alegría escucharte. ¿Cómo estás? —respondió ella.
Le explicó que llamaba para felicitar a su madre.
—¿Podría hablar con ella tres minutos?
—Claro, espera un momento. Ahora la llamo.
Colgó y volvió a llamar cinco minutos después. Mientras esperaba, pensó en todo lo que había ocurrido aquel día en Cuba sin él: su hermana había viajado desde La Habana para celebrar el cumpleaños, algo que hacía seis meses no podía hacer para visitar a sus padres, no porque no quisiera, sino porque no había combustible ni medios para ir. En cualquier otro país, recorrer poco más de doscientos cincuenta kilómetros sería un viaje de unas horas. En Cuba, escribe, puede significar esperar meses.
Cuando por fin logró hablar con su madre, el relato describe un intercambio breve y cargado: ella lloraba y apenas podía sostener la conversación; su padre tomó el teléfono unos segundos antes de que ella volviera a la línea. La llamada se cortó de forma abrupta cuando el teléfono de Yolanda se quedó sin batería, tres minutos después de haber empezado, el mismo margen que él le había pedido a la vecina.
El relato no ocurre en el vacío. Cuba atraviesa desde finales de julio una sucesión de caídas del Sistema Eléctrico Nacional que 14ymedio y otros medios documentaron esos mismos días: la sexta desconexión total del año se registró la noche del domingo 2 de agosto, según reportó 14ymedio, y ETECSA confirmó averías que dejaron sin servicio a miles de líneas móviles por fallos en el grupo electrógeno de uno de sus centros. Esa es la infraestructura —o su ausencia— sobre la que se sostiene, o se rompe, una llamada de cumpleaños entre Berlín y Villa Clara.
El autor no necesita explicar la distancia con estadísticas de emigración para que se entienda lo que perdió esa noche y lo que, aun así, consiguió. Bastan los minutos comprados, el teléfono de la vecina, el reloj mirado toda la tarde y la frase que resume, según él, cómo se vive puertas adentro de esa dependencia: "En Cuba, una llamada depende de demasiadas cosas".
Escrito por Lila Fuentes
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