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Lo que La Habana ya no recibe por tubería: agua, combustible y salud se compran

Tres reportajes del 7 y 8 de octubre, leídos junto al archivo, muestran servicios que se consiguen por vía privada en una ciudad envejecida

Lila Fuentes
Lo que La Habana ya no recibe por tubería: agua, combustible y salud se compran
Imagen ilustrativa generada con IA

La cobertura habanera del 7 y 8 de octubre describe servicios básicos que se consiguen por vía privada, con precios en pesos o dólares, mientras la red estatal falla. Es una lectura de este medio a partir de las fuentes.

Lo que La Habana ya no recibe por tubería: agua, combustible y salud se compran

En resumen — La cobertura habanera del 7 y 8 de octubre, leída junto al archivo de septiembre, describe servicios básicos que se consiguen por vía privada, con precios en pesos o dólares, mientras la red estatal falla. Es una lectura de este medio a partir de las fuentes, en una ciudad que, según los datos de la ONEI divulgados por OnCuba, envejece y pierde población.

El 22 de septiembre, a media mañana, un hombre empujaba una carretilla con un tanque de unos doscientos litros por la estación de llenado de la calle Nueva del Pilar, en el Cerro. El agua era para su hermana, que vive en la calle Escobar, en Centro Habana, donde según contó a El Estornudo «hace meses no entra». Dijo que allí no cobran por llenar, pero que «hay que venir con una llave para abrir la toma. Si no, tienes que pagarle a aquella gente del bolsito».

Esa escena, publicada el 8 de octubre, no está aislada. Puesta junto a otras piezas de la misma semana sobre combustible y medicina privada, sugiere una tesis: en La Habana, varios servicios que la red estatal no entrega se buscan ahora en circuitos privados, y el dinero o el contacto pesan en quién los recibe. Es interpretación de este medio, no conclusión de las fuentes.

El agua: la red falla, la rueda cobra

El Estornudo situó su reportaje en un día concreto del sistema eléctrico: a las 6:00 de ese martes la disponibilidad era de 1180 MW frente a una demanda de 2700 MW, con 1539 MW afectados, según el parte que cita. Pasadas las 10:00, el impulsor Martín Pérez interrumpió sus operaciones «por falta de electricidad». Hacia las 11:00, según el mismo texto, el presidente Miguel Díaz-Canel visitaba la fuente de abasto de Cosculluela para evaluar un programa de aseguramiento del agua basado, dice el reportaje, mayormente en la generación distribuida y las fuentes renovables.

La secuencia que describe el texto es esta: el bombeo se interrumpe por falta de electricidad y el agua llega a quien la transporta en pipas, carretillas, triciclos o bicitaxis. El archivo permite situarlo en una serie: el 9 de septiembre 14ymedio titulaba que el agua en La Habana ya llega mejor sobre ruedas que por las tuberías, y precisaba en el subtítulo que un tanque de 1.000 litros a domicilio puede costar hasta 15.000 pesos.

El combustible: donde hay negocio hay obra

La crónica de 14ymedio del 8 de octubre propone un contraste de olores: gasolina y aguas albañales. En Ayestarán, escribe su autora, casi nada se construye, salvo en un servicentro donde una excavadora abre el hueco para enterrar nuevos tanques. Atribuye ese movimiento a la economía de la gasolina que llega desde Estados Unidos y observa que en los clasificados «parece haber más diésel que pollo». Es la impresión de la cronista, no una medición.

Esa semana el combustible fue también noticia en otro plano. El 7 de octubre, según la cobertura del archivo, el Departamento de Seguridad Nacional de EE UU informó de la incautación de 90 cargamentos de biodiésel por casi tres millones de dólares, sospechosos de exportación ilegal a una entidad cubana sancionada. El vicecanciller Carlos Fernández de Cossío respondió, según Diario de Cuba, que «es ilegal la piratería y el pillaje» y defendió que «la importación de combustibles por entidades estatales y privadas en Cuba desde cualquier país es legal». Los dos temas, el combustible perseguido en puerto y el combustible que mueve obras en Ayestarán, coinciden en la misma semana; las fuentes no los vinculan entre sí y este análisis tampoco los equipara.

La salud: prohibida en la norma, anunciada en las redes

El tercer ejemplo llegó el mismo día. 14ymedio informó de que la medicina privada sigue prohibida en Cuba, pero que las ofertas de consultas, tratamientos dentales y pruebas se multiplican en redes sociales y clasificados. Una clínica dental que se anuncia por internet informa de limpiezas de entre 20 y 30 dólares y de coronas de zirconio por 300, con garantía de diez años; preguntada por WhatsApp, no dice dónde está más allá de Centro Habana. En Camagüey, Dalia Spa difundió un catálogo con consultas de medicina interna y cardiología por 30 dólares y chequeos integrales de laboratorio por 105.

El patrón se repite: una necesidad que el sistema público no cubre aparece atendida en un mercado de hecho, que opera mientras la norma lo prohíbe. La crónica de Ayestarán, por su parte, describe a los Cuerpos de Guardia como centros que languidecen sin medicamentos ni personal; es su descripción, no un diagnóstico del sistema sanitario.

Un dato regulatorio de la semana

Hay otro asunto que no es exclusivo de La Habana, pero que toca a quien recibe envíos del exterior. Según la cobertura de este medio, desde el 12 de octubre el excedente de un envío o de un viaje podrá pasar a un segundo despacho comercial, con impuestos y servicios en dólares. No se refiere al agua ni a la medicina, y las fuentes no permiten medir su alcance en la ciudad.

Una ciudad con más edad y menos habitantes

Los datos divulgados por OnCuba el 7 de octubre ayudan a medir el contexto. La Habana tiene 491.246 personas de 60 años o más frente a 263.296 menores de 15; la proporción, según el medio, es de 1,87 mayores por cada menor (491.246 entre 263.296, cálculo que coincide con el publicado). En Plaza de la Revolución, el 38,2 % de los residentes tiene 60 años o más.

Sobre la migración, la fuente dice que la capital registró en 2025 el mayor saldo migratorio externo del país, 57.433 personas, y la mayor tasa de decrecimiento poblacional entre las provincias, según la ONEI. La fuente añade que el saldo migratorio externo nacional fue negativo en más de 245.000 personas; por ese contexto, 57.433 parece designar una salida neta, aunque el texto no lo dice con esas palabras.

El reportaje de El Estornudo no consigna la edad del hombre de la carretilla, y no se puede inferir. Lo que los números sí indican es que la ciudad donde se carga agua, se compra diésel o se paga una corona tiene una población envejecida y en descenso,.

Qué mirar en las próximas semanas

Tres indicadores permitirán saber si la lectura se sostiene. El primero, si el programa de abasto citado por El Estornudo reduce el tiempo en que el bombeo depende del parte eléctrico. El segundo, si la Aduana publica cifras de lo despachado por la vía comercial desde el 12 de octubre. El tercero, si las autoridades responden públicamente a los anuncios de salud con precios en dólares que 14ymedio documentó el 8 de octubre. Hasta entonces, la voz más citable sigue siendo la del hombre de la carretilla: para llenar, dijo, hace falta una llave, o alguien a quien pagarle.

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