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La Sombra del Colapso: Apagones Eléctricos Reafirman el Fracaso Multisectorial en Cuba

Rodrigo Mena
La Sombra del Colapso: Apagones Eléctricos Reafirman el Fracaso Multisectorial en Cuba

Los persistentes y severos apagones eléctricos en Cuba han dejado de ser un problema técnico aislado para convertirse en el epicentro de un colapso sistémico que abarca la provisión de agua, la atención sanitaria y la economía. La crisis energética, con déficits que superan los 1.900 megavatios, expone la incapacidad del modelo estatal para garantizar servicios básicos y gestionar la creciente emergencia social.

En resumen — Los persistentes y severos apagones eléctricos en Cuba han dejado de ser un problema técnico aislado para convertirse en el epicentro de un colapso sistémico que abarca la provisión de agua, la atención sanitaria y la economía. La crisis energética, con déficits que superan los 1.900 megavatios, expone la incapacidad del modelo estatal para garantizar servicios básicos y gestionar la creciente emergencia social.

La vida diaria en Cuba se oscurece bajo la sombra de los apagones eléctricos, un fenómeno que trasciende la mera interrupción del servicio para revelar el profundo deterioro de la infraestructura nacional y la creciente incapacidad del Estado cubano para satisfacer las necesidades más elementales de su población. Las jornadas sin electricidad, que a menudo superan las diez horas y en ocasiones se extienden por 24 horas ininterrumpidas, han dejado a cientos de miles de ciudadanos sin agua, han paralizado servicios vitales en hospitales y han hundido sectores económicos clave como el turismo.

La Unión Eléctrica (UNE), entidad estatal encargada del suministro, informó que la disponibilidad del Sistema Eléctrico Nacional (SEN) a las 06:00 horas del martes 14 de abril era de apenas 1.180 MW frente a una demanda de 2.340 MW, dejando 1.158 MW sin cobertura en todo el país. Para el horario pico, la UNE proyectó un déficit de 1.670 MW, con una afectación pronosticada de 1.700 MW. Estas cifras se enmarcan en una tendencia sostenida, con déficits que han oscilado entre 1.609 MW y 1.945 MW en días recientes, confirmando que la crisis es crónica y generalizada, dejando a más del 55% del territorio nacional sin electricidad de forma simultánea.

La dependencia crítica de otros servicios a la red eléctrica ha magnificado el impacto de esta crisis. Abel Fernández Díaz, director de Acueducto de La Habana, describió la situación del abasto de agua como "muy compleja", señalando que los paros eléctricos de más de diez horas paralizan el sistema de bombeo en zonas como la Cuenca Sur, afectando a más de 200.000 cubanos. A nivel nacional, el 87% del sistema de abastecimiento de agua depende de la electricidad, y de las 480 estaciones fundamentales de bombeo, solo 135 operan en circuitos protegidos de los cortes. La escasez de diésel limita el suministro alternativo por camiones cisterna, dejando a cerca de un millón de personas dependiendo de estas pipas en todo el país.

El sector de la salud, ya precario, también sufre las consecuencias. En Cienfuegos, el Hospital Provincial Gustavo Aldereguía Lima fue evacuado de urgencia tras un incendio en su sótano que afectó el circuito eléctrico de emergencia y las tuberías de agua, dejando sin servicio vital a áreas como parto, neonatología y unidades de cuidados intensivos. Este incidente se sumó a otro ocurrido días antes en el Hospital Provincial Saturnino Lora de Santiago de Cuba, evidenciando la vulnerabilidad de la infraestructura hospitalaria frente a la falta de mantenimiento y las fallas eléctricas.

El colapso multisectorial ha generado un retorno a condiciones de vida que evocan el Período Especial de los años 90. En Baracoa, un video de Norge Quintero mostró el uso de un fogón artesanal de leña, la "estufa cohete" diseñada en 1982, como una solución cotidiana ante la escasez de gas licuado y los apagones de hasta 24 horas. Esta vuelta a métodos rudimentarios de cocción subraya la regresión en la calidad de vida. La desesperación se materializa en escenas como las de Centro Habana, donde ancianos, niños y adultos en extrema delgadez son grabados recogiendo cebollas de la basura, una imagen devastadora de la inseguridad alimentaria. El poeta Jorje Luis Veleta Mederos, en su poema "No quiero que bombardeen a mi país", captura esta "destrucción silenciosa", describiendo una realidad donde las consecuencias de una guerra imaginaria ya existen en la cotidianidad cubana: casas rotas, escuelas sin maestros y hospitales sin puertas.

Frente a esta crítica realidad, la respuesta oficial se ha anclado en la retórica y la adaptación pragmática para mantener la imagen de control. El régimen cubano anunció el traslado del acto central del Primero de Mayo en La Habana de la emblemática Plaza de la Revolución a la Tribuna Antiimperialista José Martí, justificando el cambio con el "contexto de un cruel bloqueo energético" y la "austeridad". Sin embargo, críticos señalan que la medida busca disimular la baja participación esperada, evitando una imagen de convocatoria debilitada en la Plaza de la Revolución, un cambio que ya se produjo en 2023 cuando se suspendió el desfile por primera vez desde 1959.

Las calles de La Habana, en tanto, se cierran para actos políticos-culturales como el del 65 aniversario de la proclamación del socialismo en la intersección de 23 y 12 del Vedado. Estas celebraciones contrastan con la severa crisis de transporte público agravada por la escasez de combustible, la cual empeoró con un incendio en la refinería Nico López en febrero de 2026 y las sanciones petroleras impuestas por orden ejecutiva del presidente Donald Trump. La falta de combustible y los apagones han paralizado el turismo, como lo experimenta Manuela Arencibia Báez, propietaria de una casa de alquiler en Pálpite, Ciénaga de Zapata, quien reportó la cancelación de numerosas reservas y el cierre de hoteles por la falta de servicios.

La fragilidad estructural de Cuba también se ha manifestado en el sector de la aviación. Panamá mantiene una doble revisión de seguridad para pasajeros cubanos en el Aeropuerto Internacional de Tocumen debido a las deficiencias documentadas en los aeropuertos cubanos. Estos incluyen apagones frecuentes, averías en la infraestructura y escasez de repuestos para equipos de seguridad, como los incidentes en el Aeropuerto José Martí que dejaron a cientos de pasajeros a oscuras en septiembre de 2025. La interrupción del suministro de crudo venezolano desde diciembre de 2025 ha profundizado aún más la crisis, dejando a las termoeléctricas sin el combustible necesario para operar a plena capacidad, una dependencia histórica que ha evidenciado la vulnerabilidad del modelo energético cubano.

En este escenario de colapso, la sociedad cubana se ve forzada a la autogestión y la resiliencia. Jóvenes como Alfredo y Dermita utilizan plataformas como TikTok para visibilizar la pobreza y repartir comida a quienes viven en las calles, un gesto solidario que además incorpora una crítica directa al gobierno. Este tipo de iniciativas ciudadanas subraya la ausencia de una respuesta estatal efectiva y la creciente brecha entre la retórica oficial y la cruda realidad de la población. Los apagones eléctricos, por tanto, no son solo una falla de un sistema, sino un potente símbolo del agotamiento de un modelo, llevando a Cuba a un punto de inflexión donde la capacidad de respuesta del Estado se ve cada vez más superada por la magnitud de la crisis.