La paradoja de la publicidad digital en Cuba: entre el acceso limitado y la economía de datos
Carmen Valdés
A pesar del creciente acceso a internet en Cuba, el alto costo de los datos limita la exposición a la publicidad digital. Esto crea una paradoja: mientras la economía digital busca personalización, la realidad cubana se enfrenta a opciones limitadas y control estatal. Sin embargo, la interacción con la red ya introduce mecanismos de la economía de datos, planteando interrogantes sobre el futuro de la publicidad y la privacidad en la isla.
TLDR: A pesar del creciente acceso a internet en Cuba, el alto costo de los datos limita la exposición a la publicidad digital. Esto crea una paradoja: mientras la economía digital busca personalización, la realidad cubana se enfrenta a opciones limitadas y control estatal. Sin embargo, la interacción con la red ya introduce mecanismos de la economía de datos, planteando interrogantes sobre el futuro de la publicidad y la privacidad en la isla.
Según DataReportal, en 2022 el 68% de la población cubana ya tenía acceso a internet, una cifra que, aunque distante de las economías más desarrolladas, es significativa. Sin embargo, el costo sigue siendo prohibitivo para muchos: un plan de datos de 3 GB puede costar 3,360 CUP (pesos cubanos) al mes, más de la mitad de un salario promedio de 6,649 CUP en 2025, según reportes independientes. Esto significa que la exposición a la publicidad digital y a la recolección de datos no es universal, sino que se concentra en aquellos con mayor poder adquisitivo o acceso.
Este fenómeno de los avisos de privacidad en la prensa digital, más allá de la tecnicidad legal, pone de manifiesto una tensión fundamental: la contradicción entre la promesa de la economía digital de personalización y la realidad de un sistema cubano donde la información y el acceso han estado históricamente centralizados. La publicidad, en su concepción más capitalista, busca nichos, individualiza el consumo y promueve la elección. En Cuba, donde las opciones son limitadas y el Estado controla gran parte de la producción y distribución, esta personalización es casi una ironía.
Para una pensionada que apenas llega a fin de mes con su salario, la idea de "publicidad personalizada" puede sonar a ciencia ficción o a una burla cruel. ¿Qué le va a personalizar el sistema si la nevera está vacía y los productos básicos escasean? Sin embargo, incluso ella, si tiene un nieto con un teléfono inteligente o si visita un lugar con conexión, podría ser parte de este engranaje de datos. No se trata solo de qué se anuncia, sino de cómo la misma infraestructura digital moldea nuestra experiencia en línea.
La recurrencia de estos mensajes en las noticias es un recordatorio de que la economía no es solo lo que vemos en las tiendas o en el agro. Hay una economía subterránea, digital, que procesa nuestros clics y nuestros movimientos en la red. Aunque el Estado cubano mantiene un control estricto sobre las telecomunicaciones a través de ETECSA, la empresa estatal de telecomunicaciones, la interacción con sitios internacionales implica una exposición a normas y prácticas que trascienden las fronteras nacionales.
Este panorama nos lleva a reflexionar sobre el futuro de la publicidad en Cuba. A medida que el sector privado, especialmente las MIPYMES, busca expandirse y alcanzar a sus clientes, ¿cómo se adaptará a este entorno digital globalizado y regulado? ¿Veremos en el futuro plataformas cubanas que también recopilen datos para publicidad personalizada, o se mantendrá una distinción clara entre la esfera digital internacional y el control interno? La constante aparición de estos avisos de privacidad es un pequeño pero revelador indicio de que la economía digital no es ajena a la Isla, y que sus mecanismos, para bien o para mal, ya están operando.
Escrito por Carmen Valdés