La Habana que espera el agua y la Habana que nunca se queda sin gasolina
Una misma semana de crisis en la capital revela dos velocidades de respuesta estatal: el colapso de agua, luz y saneamiento solo se atiende cuando estalla en redes, mientras el combustible para el aparato represivo nunca falta
Lila Fuentes
Entre el 9 y el 16 de septiembre, La Habana acumuló denuncias de salideros de agua sin resolver en La Lisa, un zoológico cerrado y reabierto por presión en redes sociales, y una gasolinera que surte sin límites a vehículos del Ministerio del Interior. El patrón que conecta los casos no es la escasez en sí, sino qué la provoca a resolverse: la vergüenza pública, nunca la denuncia formal ni la necesidad ciudadana.
La Habana que espera el agua y la Habana que nunca se queda sin gasolina
Una misma semana de crisis en la capital revela dos velocidades de respuesta estatal: el colapso de agua, luz y saneamiento solo se atiende cuando estalla en redes, mientras el combustible para el aparato represivo nunca falta
En resumen — Entre el 9 y el 16 de septiembre, La Habana acumuló denuncias de salideros de agua sin resolver en La Lisa, un zoológico cerrado y reabierto por presión en redes sociales, y una gasolinera que surte sin límites a vehículos del Ministerio del Interior. El patrón que conecta los casos no es la escasez en sí, sino qué la provoca a resolverse: la vergüenza pública, nunca la denuncia formal ni la necesidad ciudadana.
Elizabeth González Aznar lleva dos años señalando el mismo salidero. Vive en el reparto San Agustín, en el municipio habanero de La Lisa, y esta semana volvió a describir en Facebook cómo el agua que se pierde en la intersección de las calles 240 y 39 —casi frente a la sede del Consejo Popular de San Agustín Lisa— "corre como un río a ambos lados de la calle 240 hasta 33 y a veces mucho más abajo", mezclada con vertederos de basura desbordada, según relató la vecina y recogió CiberCuba (id:6ce6b9b3-2bb7-48c5-9d89-2ce89dfd2884). El segundo punto que denuncia es la cisterna de un edificio en la avenida 33 entre 238 y 234, que pierde varios metros cúbicos en cada ciclo de bombeo y que los vecinos del inmueble atribuyen a un flotante roto o a la cisterna rajada; lo reportó por primera vez hace dos años ante la entonces directora de Agua de La Lisa. La respuesta, según su relato, fue que el asunto correspondía a Vivienda, no a la dirección de agua. "Así las cosas, y ya ven aún sigue ahí el botadero, ni vivienda, ni agua, ni nadie, la indolencia es más fuerte", escribió. No es un caso aislado ni nuevo: en abril, otro vecino de ese mismo municipio, Ricardo Jesús Pupo Reyes, denunció ante Cubanet más de diez días sin agua tras la rotura de una tubería provocada por trabajadores de Servicios Comunales, según reportó entonces ese medio. La Lisa lleva, por tanto, al menos cinco meses documentados de averías de agua sin resolución de fondo.
Esa misma semana, a apenas unos kilómetros, otro servicio esencial de la capital sí se resolvió, y en cuestión de días. El Zoológico Nacional de Cuba cerró "por tiempo indefinido" el 9 de septiembre por falta de agua y electricidad, según anunció la institución en Facebook y reportaron OnCuba News y Periódico Cubano ese mismo día. El cierre generó un intenso debate en redes sobre las condiciones de los animales; un usuario llegó a comentar que, a su juicio, la medida buscaba evitar que se viera "el abuso y el maltrato animal" que sufren los ejemplares, según recogió Diario de Cuba (id:007a4b26-cffe-4548-9bb3-29f8411d57bb). El servicio eléctrico fue restablecido el sábado anterior, según informó la propia institución en Facebook, en una publicación recogida por OnCuba News el 14 de septiembre (id:faeb926a-217a-4570-a31c-540893e07cd6). Ese mismo lunes 14, Diario de Cuba reportó que autoridades de La Habana habían ordenado el restablecimiento del servicio y fijado la reapertura del parque para el 16, sin aclarar cómo se resolvería el suministro de agua. La cuenta del zoológico se limitó a asegurar que los animales estaban "en perfectas condiciones físicas", sin ofrecer evidencia adicional, según constató OnCuba News. Entre el cierre y la orden de reapertura mediaron cinco días; entre la primera denuncia de González Aznar en La Lisa y esta semana, dos años sin respuesta.
La diferencia no está en la gravedad del problema —ambos son fallas de agua y electricidad en la misma ciudad, en el mismo mes— sino en su visibilidad. El zoológico es una institución nacional con cuenta oficial en redes, cobertura de prensa garantizada y un argumento fácil de viralizar: animales indefensos. San Agustín, en La Lisa, es un barrio periférico cuya única vía de denuncia es el perfil personal de una vecina. Cuando Ana Hurtado, una activista identificada por Periódico Cubano como defensora habitual del Gobierno, cuestionó en Facebook la acumulación de basura en El Vedado —"¿Por qué hay municipios de La Habana que lucen limpios y, sin embargo, el Vedado, con hospitales y siendo el centro de la ciudad, está lleno de kilos de basura?", escribió—, el propio medio señaló que el deterioro de los servicios comunales "obedece a factores estructurales severos vinculados a la escasez de recursos materiales y combustibles" (id:576963fd-03b8-45d0-8a73-3591b7fa5a9a). Es la misma explicación que ofrecen las autoridades para el agua y la basura en cualquier barrio de la capital. La variable que cambia no es el recurso disponible, sino quién denuncia y con cuánto alcance.
Hay, sin embargo, un tercer circuito en La Habana donde la escasez estructural desaparece por completo: el que abastece al aparato de seguridad del Estado. A una cuadra de Villa Marista, la sede de la Seguridad del Estado, la gasolinera de Cupet conocida como "El Eficiente" surte sin interrupción a vehículos de la empresa estatal Sepsa, a las brigadas especiales conocidas como boinas negras y a las motos Suzuki de la Seguridad del Estado, según constató un reportero de 14ymedio en el cruce de San Miguel y D'Strampes (id:a96d3d5b-7eb1-46a8-8b2f-0012540be6f2). El propio medio recuerda que hace más de cinco meses que no llega un tanquero de combustible al país, mientras las fábricas cierran, los apagones se extienden y el transporte público colapsa por falta de gasolina. Un vecino de la zona resumió la paradoja a 14ymedio: "Por ahí todos los días pasan cientos de vehículos de todo tipo". Ese suministro, además, procede de Estados Unidos pese a que Washington prohíbe expresamente la venta de gasolina al Estado cubano, según documentó ese mismo reportaje.
El contraste no es casualidad ni negligencia puntual: es una jerarquía. En una ciudad donde Díaz-Canel reconoció en agosto la "crítica situación" del suministro de agua y prometió para octubre un sistema para "regular la frecuencia del sistema eléctrico", según reportaron Diario de Cuba y OnCuba News el 28 de agosto, el combustible sí llega, con regularidad, a los vehículos que sostienen el control social. Mientras tanto, la reparación de una cisterna rajada en La Lisa depende de que una publicación de Facebook acumule suficiente indignación, y ni siquiera eso garantiza respuesta: San Agustín no tiene el perfil institucional del zoológico, y sus salideros llevan dos años corriendo "como un río".
El patrón que conecta estos hechos —documentados por medios independientes en la misma semana y en la misma ciudad— no es que Cuba carezca de recursos, sino que la escasez se distribuye de forma desigual según a quién sirve. Cuando el fallo compromete la imagen pública de una institución nacional, se resuelve en días. Cuando compromete la vida cotidiana de un barrio sin cámara ni cuenta oficial, se acumula en años. Y cuando el recurso en juego es el combustible que mueve a la Seguridad del Estado, la escasez estructural que las propias autoridades invocan para todo lo demás simplemente no aplica. Como resumió el vecino de San Miguel y D'Strampes a 14ymedio: "Me pregunto cómo es posible que se burlen así" —no de las sanciones de Washington, que ese vecino nombraba, sino, en el fondo, de la misma escasez que el Gobierno cubano invoca para justificar cada apagón, cada salidero y cada tanque de basura sin recoger en el resto de la ciudad.
Escrito por Lila Fuentes
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