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La Habana administra su colapso en dos velocidades: la de los anuncios y la del agua que no llega

Entre giras oficiales a plantas de bombeo, un decreto de farmacias privadas que un mes después no tiene una sola en regla y una procesión que pide "el milagro", la capital muestra el mismo patrón: el Estado gestiona la visibilidad de la crisis más rápido que su solución

Lila Fuentes
La Habana administra su colapso en dos velocidades: la de los anuncios y la del agua que no llega
Imagen ilustrativa generada con IA

En una misma semana, La Habana exhibió tres versiones del mismo problema: el agua llega mejor en pipas privadas que por tuberías estatales, las farmacias privadas siguen sin operar legalmente un mes después del decreto que las autorizó, y la fe pública se convirtió en el único espacio para nombrar una crisis que la calle no puede gritar. El patrón, documentado por el archivo de este medio desde marzo, no es la escasez en sí sino el ritmo: el régimen anuncia y visita más rápido de lo que resuelve.

La Habana administra su colapso en dos velocidades: la de los anuncios y la del agua que no llega

Entre giras oficiales a plantas de bombeo, un decreto de farmacias privadas que un mes después no tiene una sola en regla y una procesión que pide "el milagro", la capital muestra el mismo patrón: el Estado gestiona la visibilidad de la crisis más rápido que su solución

En resumen — En una misma semana, La Habana exhibió tres versiones del mismo problema: el agua llega mejor en pipas privadas que por tuberías estatales, las farmacias privadas siguen sin operar legalmente un mes después del decreto que las autorizó, y la fe pública se convirtió en el único espacio para nombrar una crisis que la calle no puede gritar. El patrón, documentado por el archivo de este medio desde marzo, no es la escasez en sí sino el ritmo: el régimen anuncia y visita más rápido de lo que resuelve.

En la calle Nueva del Pilar, en el municipio habanero de Cerro, hay que sacar turno para que un camión-pipa llene los cubos de forma gratuita, pero "tremenda cola que se forma algunas veces", cuenta Marilyn, vecina de Luyanó, a 14ymedio. Quien no quiere esperar paga: entre 10.000 y 15.000 pesos por un tanque de 1.000 litros a domicilio, o entre 2.500 y 3.000 por uno de 250. "Es una falta de respeto que quieran cobrar eso solo por mandar el agua a las casas", dice. Antes, relata, "se sabía qué día tocaba el agua"; ahora puede faltar varios días seguidos, y cuando llega "con poca fuerza", solo entra a las casas en la parte más baja del barrio. "La escasez es tal que hay personas que ya se adaptaron a bañarse con solo un pomo de agua", lamenta.

A pocos kilómetros de esa cola, el 9 de septiembre Miguel Díaz-Canel inspeccionaba en Mayabeque la fuente "El Gato", principal sistema de abasto del este habanero: 17 pozos que, según CiberCuba, sirven a más del 27% de la población capitalina, en Regla, Guanabacoa, San Miguel del Padrón, Habana del Este, Cotorro y Diez de Octubre. Fue su tercera inspección hídrica en doce días —el 28 de agosto en Paso Seco, Boyeros, y el 3 de septiembre en el Sistema de Cuencas del Sur, donde reconoció que el régimen no puede garantizar las 10 a 12 horas de estabilidad eléctrica que el bombeo necesita—. En "El Gato" describió dos fases: "Una primera etapa donde estamos tratando de hacer coincidir el aseguramiento eléctrico que podamos dar con grupos electrógenos para evitar que, si hay apagón, haya discontinuidad en el servicio. Y a la vez estamos trabajando los emplazamientos para ir a la etapa definitiva que es con fuentes renovables", dijo, según CiberCuba. El plan de corto plazo contempla grupos electrógenos para 29 fuentes de abasto habaneras.

Esa cadencia de giras tampoco es nueva. El archivo de este medio registra la crisis hídrica habanera desde marzo, cuando Diario de Cuba reportó que "los apagones agravan la crisis del agua", y desde abril, cuando la estatal Aguas de La Habana admitió el colapso "en prácticamente todas las localidades habaneras" y reportó 200.000 afectados, cifra que la propia población denunció como insuficiente, según 14ymedio. El 28 de agosto, Díaz-Canel ya había reconocido la "crítica situación" del suministro, según OnCuba News; el 4 de septiembre prometió "resolver el problema del agua en La Habana aunque tengamos todavía apagones prolongados". Más de cuatro meses después del primer reconocimiento oficial, la solución sigue siendo, en la práctica, la pipa que se paga o la cola que se hace.

El mismo desfase se repite con las farmacias privadas. El decreto que habilitó a privados a administrar farmacias comunitarias se publicó el 28 de julio y entró en vigor el 4 de agosto. Más de un mes después, el 9 de septiembre, Cristina Lara Bastanzuri, directora nacional de Medicamentos del Minsap, confirmó que "todavía hoy no tenemos ninguna farmacia de este tipo aprobada", aunque hay 36 proyectos en evaluación, tres en constitución y 14 con aval, según Periódico Cubano y 14ymedio. Ese día, la doctora Maylin Beltrán Delgado, del mismo ministerio, precisó que estupefacientes, psicotrópicos y medicamentos de uso hospitalario quedan fuera de la venta privada por ahora, según CiberCuba. Mientras el mecanismo formal no producía una farmacia legal, ya en agosto había un establecimiento operando al margen: en Regla, lo que corrió en redes como "la primera farmacia privada" era, según 14ymedio, una tienda particular que vendía dipirona, metamizol y ranitidina sin la licencia que el Estado aún no diseñaba.

El patrón alcanza también lo que ocurre fuera de las casas. El Parque Zoológico Nacional anunció el 9 de septiembre el cierre indefinido por falta de agua y electricidad, sin fecha de reapertura, según Periódico Cubano, que recuerda un antecedente: en agosto de 2025 un trabajador declaró a 14ymedio que algunos animales pasaban hasta dos días sin alimento y los leones comían desperdicios de mataderos. El colapso no se detiene en la puerta de las viviendas: alcanza también lo que el Estado administra directamente.

Ninguno de estos episodios transmite por separado el efecto acumulado de vivir todas esas esperas a la vez. Ese efecto emergió el 8 de septiembre, festividad de la Virgen de la Caridad del Cobre, cuando miles peregrinaron por Centro Habana y Santiago de Cuba. Según El Estornudo, las oraciones pidieron "piedad, libertad, salud y medicamentos para los niños" y "asistencia para las madres, los presos y las familias precarizadas", en un recorrido encabezado por el cardenal Juan de la Caridad García Rodríguez. OnCuba News situó esas celebraciones "en momentos en que la crisis se ha agravado" por "la presión reforzada de EE.UU.", que el Gobierno "no ha logrado paliar con sus medidas". El sacerdote Alberto Reyes pidió ese día, según CiberCuba, que la Virgen ayude a conservar "el valor de decir la verdad" en medio de "tanta represión". Y la presentadora Laritza Camacho publicó en Facebook una plegaria que cerraba con un verso que resume el desfase entre lo que se anuncia y lo que se vive: "Aquí no podemos ni gritar el rezo".

Ninguno de esos tres frentes —el agua, las farmacias, la plegaria pública— es nuevo por separado; lo que el cruce revela es la mecánica común. El Estado produce, con regularidad casi semanal, el gesto de estar atendiendo el problema: una gira, una comparecencia ministerial, un decreto. Ese ritmo está documentado en el archivo desde marzo: tres visitas de Díaz-Canel a fuentes de agua en doce días, más de un mes entre el decreto farmacéutico y la primera farmacia legal, más de cuatro meses entre el reconocimiento oficial del colapso hídrico y cualquier alivio medible en Luyanó o Cerro. Entretanto, la población construye su propia infraestructura paralela: la pipa que se paga, la tienda de Regla que se llama farmacia sin serlo, la procesión que se vuelve el único espacio para nombrar lo que la calle no permite decir en voz alta. Como resumió Marilyn frente al surtidor de Cerro, la distancia entre el anuncio y la vida cotidiana no se mide en decretos sino en cubos: "hay personas que ya se adaptaron a bañarse con solo un pomo de agua".

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