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La gira del agua: cómo Cuba gestiona la visibilidad de una crisis que no financió

Tres fuentes documentan el mismo patrón: recortes de inversión sostenidos, una respuesta oficial de giras y promesas, y un mercado informal que ya cobra lo que el Estado no resuelve

Lila Fuentes
La gira del agua: cómo Cuba gestiona la visibilidad de una crisis que no financió
Imagen ilustrativa generada con IA

Entre 2019 y 2023, la inversión acumulada en electricidad, gas y agua bajo el gobierno de Díaz-Canel cayó 35% frente al quinquenio anterior, según Diario de Cuba. En paralelo, un tanque de 1.000 litros de agua a domicilio cuesta hasta 15.000 pesos en La Habana, más del doble del salario medio mensual reportado por la ONEI. La gira presidencial por plantas de bombeo como El Gato documenta el contraste entre la gestión visible y el desinvertimiento estructural que la provoca.

En resumen — Entre 2019 y 2023, la inversión acumulada en electricidad, gas y agua bajo el gobierno de Díaz-Canel cayó 35% frente al quinquenio anterior, según Diario de Cuba. En paralelo, un tanque de 1.000 litros de agua a domicilio cuesta hasta 15.000 pesos en La Habana, más del doble del salario medio mensual reportado por la ONEI. La gira presidencial por plantas de bombeo como El Gato documenta el contraste entre la gestión visible y el desinvertimiento estructural que la provoca.

El 9 de septiembre, Miguel Díaz-Canel recorrió el sistema de abasto «El Gato», en Mayabeque, que provee de agua a más del 27% de la población de La Habana a través de 17 pozos que alimentan los municipios de Regla, Guanabacoa, San Miguel del Padrón, Habana del Este, Cotorro y Diez de Octubre, según reportó CiberCuba. Fue la tercera inspección hídrica del mandatario en menos de dos semanas: antes había visitado Paso Seco, en Boyeros (28 de agosto), y el Sistema de Cuencas del Sur (3 de septiembre). Tres días después, el 12 de septiembre, Diario de Cuba publicó una cifra que explica por qué esa gira ocurre precisamente ahora: bajo el gobierno de Díaz-Canel, los recursos destinados a electricidad, gas y agua se redujeron en más de un tercio.

El dato es concreto. Entre 2019 y 2023 —los primeros cinco años de su presidencia— la inversión acumulada en esos tres sectores fue de 2.704,14 millones de dólares, frente a los 4.144,3 millones del quinquenio precedente, según cifras recogidas por Diario de Cuba. La diferencia equivale a una caída del 34,7% (cálculo propio: (4.144,3 − 2.704,14) / 4.144,3), la "más de un tercio" que describe el medio. En el mismo periodo, señala esa fuente, el turismo recibió cuatro veces más inversión que el sector hídrico. No es que faltara dinero para el agua mientras todo lo demás también se contraía: hubo una decisión de prioridad sostenida durante un quinquenio completo, y el resultado de esa decisión es lo que ahora Díaz-Canel visita en camisa de mangas cortas.

La gestión visible —las giras, el "seguimiento", los ministros alineados detrás del mandatario en cada recorrido— tiene un vocabulario propio. En El Gato, Díaz-Canel describió una estrategia en dos fases: «Una primera etapa donde estamos tratando de hacer coincidir el aseguramiento eléctrico que podamos dar con grupos electrónicos para evitar que, si hay apagón, haya discontinuidad en el servicio. Y a la vez estamos trabajando los emplazamientos para ir a la etapa definitiva que es con fuentes renovables», declaró, según CiberCuba. El plan de corto plazo contempla grupos electrógenos para 29 fuentes de abasto en La Habana: una respuesta técnica a un problema que la propia gestión ayudó a crear. El 87% del sistema de abastecimiento hídrico cubano depende de la red eléctrica, de modo que cada apagón se traduce en un corte simultáneo del bombeo, y en junio de 2026 el sistema hidráulico operaba con apenas el 37% del combustible que necesitaba, de acuerdo con datos citados por CiberCuba.

Ese es el mecanismo institucional detrás del caso: no hay avería aislada que explique por qué, en julio de 2026, más de 500.000 habaneros sufrían acceso irregular al agua, ni por qué el Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos reportó 2,7 millones de cubanos con dificultades de suministro a nivel nacional, según cifras del organismo recogidas por Los Angeles Times y citadas por CiberCuba. Hay una infraestructura que dependía de una inversión que dejó de llegar en la proporción necesaria, y un plan de contingencia —generadores eléctricos, promesas de resultados "para finales de septiembre" en dos o tres sistemas, según reportó Diario de Cuba— que gestiona los síntomas sin revertir la causa.

Lo que ese vacío de gestión no cubre, lo cubre otro mercado. En la calle Nueva del Pilar, en el municipio habanero de Cerro, camiones-pipa y triciclos eléctricos venden lo que las tuberías ya no entregan con regularidad. Un tanque de 1.000 litros a domicilio cuesta entre 10.000 y 15.000 pesos; uno de 250 litros, entre 2.500 y 3.000; si hay que subir el agua a un tanque elevado, un motor añade 5.000 pesos más, según documentó 14ymedio. Comparado con el salario medio mensual cubano —6.930 pesos en 2025, según cifras oficiales de la ONEI recogidas por Diario de Cuba—, el precio más alto de ese mercado informal, 15.000 pesos, equivale a 2,16 veces un salario mensual completo (cálculo propio: 15.000 / 6.930). Llenar una vez un tanque doméstico puede costar más del doble de lo que un cubano promedio gana en un mes.

Ese precio no lo fija el Estado ni lo declara ningún ministerio: lo fija la escasez misma, en un circuito informal que ha crecido exactamente donde la inversión pública se redujo. En el mismo punto de abastecimiento de Cerro, quienes tienen tiempo para hacer cola pueden servirse gratis. "Tremenda cola que se forma algunas veces", contó a 14ymedio Marilyn, vecina de Luyanó que prefiere esperar turno antes que pagar. "Es una falta de respeto que quieran cobrar eso solo por mandar el agua a las casas", dijo sobre los precios del transporte a domicilio. La alternativa a pagar no es que el servicio público funcione: es el tiempo de espera y la resignación que describió la misma vecina: "La escasez es tal que hay personas que ya se adaptaron a bañarse con solo un pomo de agua", relató a ese medio.

El deterioro no es reciente, aunque la respuesta oficial sí lo sea. En el Cerro, Alberto Martínez le contó a Diario de Cuba que hasta 2024 el agua entraba cada tres o cuatro días; luego, dijo, "desde que rompieron la tubería que atraviesa toda Vía Blanca para, supuestamente, conectar el hotel de la Torre K, comenzaron los problemas". La espera pasó a una semana y, este año, a 15 días, "a veces más de 20", según su relato recogido por ese medio. El hotel de la Torre K abrió en febrero de 2025 y cerró trece meses después por falta de turismo; en el Cerro, según Diario de Cuba, el agua siguió escaseando. Es el mismo patrón que describen las cifras de inversión a escala nacional —turismo primero, agua después— reproducido en la biografía de una tubería.

Las giras a plantas de bombeo, los ministros alineados en cada visita, el ultimátum presidencial de resultados visibles "para finales de septiembre" en dos o tres sistemas y la recuperación del resto durante octubre —según el calendario que Díaz-Canel trasladó a Diario de Cuba— no sustituyen la inversión que no se hizo entre 2019 y 2023. Gestionan la visibilidad del problema mientras el mercado informal, no la gira, sigue fijando lo que de verdad cuesta llenar un tanque de agua en La Habana.

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