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La geografía de la expulsión: Washington saca a los cubanos de la ruta hacia Cuba

En cinco meses, Estados Unidos construyó una red de acuerdos con Guyana, Liberia, Guinea Ecuatorial y México para deportar cubanos sin pasar por La Habana, mientras el régimen invierte su energía diplomática en otros frentes

Lila Fuentes
La geografía de la expulsión: Washington saca a los cubanos de la ruta hacia Cuba
Imagen ilustrativa generada con IA

Desde abril, Washington ha desviado a migrantes cubanos hacia terceros países —México, Guyana, Liberia, Guinea Ecuatorial, la República Centroafricana— en vez de deportarlos directamente a la Isla, dejando a las personas en un limbo legal que se resuelve, cuando se resuelve, en tribunales estadounidenses. Mientras tanto, La Habana concentra su diplomacia en otros escenarios: cortejar a Brasil, atacar a Harvard, mientras la ruptura con Costa Rica se profundiza.

La geografía de la expulsión: Washington saca a los cubanos de la ruta hacia Cuba

En cinco meses, Estados Unidos construyó una red de acuerdos con Guyana, Liberia, Guinea Ecuatorial y México para deportar cubanos sin pasar por La Habana, mientras el régimen invierte su energía diplomática en otros frentes

En resumen — Desde abril, Washington ha desviado a migrantes cubanos hacia terceros países —México, Guyana, Liberia, Guinea Ecuatorial, la República Centroafricana— en vez de deportarlos directamente a la Isla, dejando a las personas en un limbo legal que se resuelve, cuando se resuelve, en tribunales estadounidenses. Mientras tanto, La Habana concentra su diplomacia en otros escenarios: cortejar a Brasil, atacar a Harvard, mientras la ruptura con Costa Rica se profundiza.

Yasmany Moreno de Armas lleva casi un año fuera de Estados Unidos sin haber pisado Cuba, el país del que salió en 2016. Vive en Bangui, capital de la República Centroafricana, adonde fue enviado tras permanecer cerca de doce meses bajo custodia migratoria estadounidense. Según relató, su abogada le comunicó recientemente que las autoridades evaluarían un traslado de regreso a territorio de EEUU, información que ni el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) ni el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) han confirmado públicamente. Su caso depende ahora de una revisión ante la Corte de Apelaciones del Décimo Circuito, después de que la Junta de Apelaciones de Inmigración rechazara un recurso anterior, según reportó Periódico Cubano el 18 de septiembre.

Otro cubano identificado como José Lázaro vivió, según su propio relato difundido en video por la cuenta de TikTok del abogado Carlos Martínez, un desenlace más cercano al filo: estuvo ya dentro del avión que debía llevarlo de México a Cuba cuando una acción legal promovida por sus familiares detuvo el vuelo. José Lázaro dijo haber residido en Kentucky, haber perdido una solicitud de asilo y haber sido trasladado esposado hasta Arizona y luego a Nogales; Periódico Cubano precisó que esa versión no ha sido verificada de forma independiente. Lo que sí consta es que terminó, como Moreno de Armas, fuera tanto de Estados Unidos como de Cuba.

Los dos casos, reportados el mismo día, no son un incidente aislado sino la punta visible de una política que el archivo de este medio permite fechar con precisión. El 29 de julio, Periódico Cubano documentó que México había comenzado a deportar directamente a Cuba a migrantes cubanos enviados días antes por EEUU a Tapachula, Chiapas —la ruta que José Lázaro estuvo a punto de recorrer completa—. Un día después, el 30 de julio, el mismo medio reportó que la administración de Donald Trump ya negociaba con Uruguay, según reveló The New York Times, un acuerdo para recibir cubanos deportados, precisamente para "crear una salida cuando Washington no puede o no quiere devolver directamente a los migrantes a Cuba". El 7 de agosto, cubanos, hondureños y ecuatorianos denunciaron haber sido enviados a la República Centroafricana "prácticamente sin previo aviso". El 19 y el 20 de agosto, Liberia aceptó recibir hasta 1.200 deportados en doce meses, con un primer vuelo de veinte personas entre las que había cubanos. El 22 de agosto, cinco de esos deportados —tres cubanos, un brasileño y una camerunesa— que se negaron a bajar en Liberia fueron reenviados a Guinea Ecuatorial. Y el 5 de septiembre, Guyana recibió a los primeros cuatro cubanos bajo un acuerdo bilateral propio, según reportaron OnCuba News, 14ymedio, CiberCuba y Periódico Cubano.

En cinco meses, la lista de destinos para deportados cubanos que no son Cuba pasó de una negociación exploratoria con Uruguay a acuerdos operativos con al menos cuatro países en dos continentes. El patrón no es que Estados Unidos deporte cubanos —eso ocurre desde hace décadas—, sino que ha dejado de intentar, como primera opción, que esas deportaciones terminen en la Isla. Tal como reveló The New York Times sobre la negociación con Uruguay, esas alternativas surgen "cuando Washington no puede o no quiere" devolver directamente a los migrantes a Cuba: en la práctica documentada por este archivo, eso ha significado negociar no con La Habana, sino con Georgetown, Liberia, Malabo o Bangui.

El costo de ese arreglo lo pagan las personas trasladadas, no los gobiernos que lo diseñan. En Tapachula, comerciantes locales se declararon en pie de guerra contra un grupo de deportados cubanos que, según un abogado citado por 14ymedio en abril, tenían miedo de esconderse ante el riesgo de ser expulsados de nuevo. Para mayo, Tabasco organizaba colectas de alimentos y ropa para más de mil cubanos deportados que, en palabras del mismo abogado, quedaban "en el país, no son nada, para Migración son personas sin documentos". En Guinea Ecuatorial, tres testigos y un video obtenidos por Reuters —según recogió OnCuba News el 9 de septiembre— mostraron a policías amenazando con armas de fuego a deportados retenidos en un hotel de Malabo, después de que uno de ellos, cubano, pidiera la devolución de su teléfono confiscado. Ninguno de estos episodios ocurre en Cuba ni involucra directamente al Gobierno cubano: ocurren precisamente porque la ruta evita a Cuba.

Mientras la maquinaria migratoria estadounidense redibuja el mapa de la expulsión, la diplomacia cubana mira hacia otro lado. El mismo 18 de septiembre en que Periódico Cubano narraba el caso de Moreno de Armas, Diario de Cuba reportaba que el canciller Bruno Rodríguez Parrilla dedicaba su energía a acusar a la Universidad de Harvard de producir un "informe pseudocientífico" sobre el futuro de la Isla, y que el régimen inauguraba en La Habana la Casa Brasil, un gesto de poder blando hacia el Gobierno de Lula da Silva en el marco de los 120 años de relaciones bilaterales. Ese mismo día, Costa Rica confirmó ante el Miami Herald que su ruptura diplomática con Cuba, iniciada en marzo, se mantendrá hasta que el pueblo cubano "recupere su libertad", según declaró el canciller Manuel Tovar Rivera. Son frentes distintos, pero comparten un rasgo: ninguno exige que La Habana asuma una obligación concreta hacia sus propios ciudadanos varados en terceros países. La política exterior cubana puede narrar el cerco de Washington y cultivar aliados como Brasil, pero no hay, en la cobertura de las últimas semanas, un gesto equivalente dirigido a facilitar el regreso o la protección de los cubanos que EEUU envía a países con los que no tienen ningún vínculo.

Esa ausencia es notable: mientras Washington construía, en cuestión de semanas, acuerdos operativos con cuatro países en dos continentes, la cobertura de las últimas semanas no registra un acuerdo equivalente entre Washington y La Habana que agilice la recepción directa de deportados cubanos. El resultado es una arquitectura en la que ni el país de salida (Cuba) ni el país de destino final (Guyana, Liberia, Guinea Ecuatorial, la República Centroafricana) tienen con los deportados el vínculo que normalmente define una deportación: haber nacido allí, tener familia allí, poder rehacer una vida allí. Los casos de Yasmany Moreno de Armas y José Lázaro —uno esperando en Bangui una llamada que quizás no llegue, el otro salvado por un amparo cuando ya estaba en el avión— no son la excepción del sistema. Son, según muestra el propio patrón documentado semana tras semana desde julio, su forma más previsible de funcionar.

Escrito por Lila Fuentes

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