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Entre el invento y la amenaza: la doble cara de las redes sociales en la Cuba de hoy

Un espejo digital de la supervivencia, la solidaridad y la represión en la isla

Carmen Valdés
Entre el invento y la amenaza: la doble cara de las redes sociales en la Cuba de hoy

Las redes sociales se han consolidado en Cuba como un espacio dual: son una herramienta esencial para la resiliencia comunitaria y la búsqueda de soluciones creativas ante la escasez, pero a la vez, se han convertido en un campo de batalla donde la libertad de expresión choca con la vigilancia y la represión estatal. Este delicado equilibrio define una nueva esfera de la vida cotidiana cubana, donde cada "me gusta" o comentario puede tener un peso real.

Entre el invento y la amenaza: la doble cara de las redes sociales en la Cuba de hoy

Un espejo digital de la supervivencia, la solidaridad y la represión en la isla

En resumen — Las redes sociales se han consolidado en Cuba como un espacio dual: son una herramienta esencial para la resiliencia comunitaria y la búsqueda de soluciones creativas ante la escasez, pero a la vez, se han convertido en un campo de batalla donde la libertad de expresión choca con la vigilancia y la represión estatal. Este delicado equilibrio define una nueva esfera de la vida cotidiana cubana, donde cada "me gusta" o comentario puede tener un peso real.

En una Cuba donde la escasez es una moneda corriente, la "lavadora de mano" —un simple palo con un pomo plástico perforado— se ha vuelto viral. Un video de Alexei Sadin Arias en Facebook, con más de medio millón de vistas, no solo muestra ingenio, sino que documenta cómo los cubanos inventan para paliar la falta de electricidad y de recursos básicos. Este invento casero, tan elemental como necesario, se difunde en las redes sociales no como una curiosidad, sino como una solución compartida en tiempos de apagones constantes, demostrando el poder de estas plataformas para catalizar la supervivencia diaria.

Las redes, especialmente Facebook, se han convertido en el ágora informal donde se ventilan las realidades más crudas y las soluciones más ingeniosas. Desde cómo darle un uso alternativo al arroz glutinoso donado por China —propuestas humorísticas como "tapiar huecos" o hacerlo "slime" que se volvieron virales a través de @Las_Cosas_de_Lulu en Instagram— hasta la búsqueda desesperada de un niño autista desaparecido en Santiago de Cuba. En este último caso, la movilización ciudadana en Facebook fue masiva y crucial para el hallazgo del pequeño Enzo Larduet Rivera, evidenciando que la red suple la ausencia de protocolos oficiales efectivos para la búsqueda de personas. Las redes no son un lujo, son una necesidad que articula la solidaridad barrial.

Esta capacidad de las redes para ser un espacio de cohesión y ayuda mutua es una cara de la moneda. La otra, es el terreno minado que representan para la libertad de expresión. La creadora de contenidos Anna Sofía Benítez Silvente ha denunciado un interrogatorio de más de dos horas por la Seguridad del Estado, con presiones para abandonar sus publicaciones críticas o enfrentar la cárcel, a pesar de que su caso legal ya había sido archivado (Diario de Cuba). Esta es una táctica recurrente: se busca silenciar voces incómodas que usan las redes para visibilizar las deficiencias del sistema o para ejercer la crítica, mostrando que lo "viral" también puede ser interpretado como "subversivo".

El caso de Anna Sofía no es aislado. Nos recuerda, con una crudeza escalofriante, el destino del pintor ruso Andréi Akuzin, quien se suicidó en prisión preventiva tras ser detenido por un comentario en redes sociales (14ymedio). Aunque las circunstancias geográficas son distintas, el patrón es el mismo: en contextos autoritarios, la disidencia digital puede tener consecuencias letales. En Cuba, el miedo a "caer preso" por un "me gusta" o un comentario, como le advirtieron a Benítez, es una realidad latente que constriñe el uso público de las plataformas, forzando a muchos a la autocensura o al uso de perfiles anónimos para protegerse.

A pesar de estos riesgos, las redes también abren un nicho para la expresión individual y la búsqueda de oportunidades, aunque limitadas, en un entorno económico asfixiante. Personalidades como Pollito Tropical utilizan las redes para expresar su identidad y construir una marca personal. Si bien los artículos sobre cómo crecer como influencer (14ymedio) se enfocan en estrategias de marketing global, en Cuba, la visibilidad obtenida puede ser una puerta a alguna forma de monetización informal o a la creación de una audiencia que, en ciertos casos, puede traducirse en remesas o apoyo desde el exterior. No es una economía formal de influencers, pero sí una manera de generar visibilidad y, para algunos, valor.

Sin embargo, el acceso a estas plataformas sigue siendo un desafío. El alto costo de la conexión a internet, sumado a la intermitencia del servicio, crea una brecha entre la aspiración de una "audiencia global" y la realidad de una conexión precaria. Mientras en otras latitudes se discuten estrategias sofisticadas de crecimiento de seguidores y algoritmos (14ymedio), en Cuba, el simple hecho de subir un video de 13 segundos sobre el arroz chino ya es una proeza que requiere tiempo, datos móviles y una paciencia considerable. Esto convierte el acto de compartir en redes en sí mismo en un acto de resistencia y priorización.

En definitiva, las redes sociales en Cuba son mucho más que un pasatiempo. Son una extensión de la realidad cotidiana: un canal vital donde el cubano promedio busca soluciones a la crisis, expresa su ingenio, se organiza para ayudar a otros y, al mismo tiempo, enfrenta el riesgo palpable de la vigilancia y la represión estatal. Son un espejo de la profunda resiliencia de la gente, pero también un recordatorio constante de las fronteras que el Estado impone, incluso en el vasto, pero vigilado, ciberespacio. La conexión digital, en este contexto, es una libertad precaria, un espacio para el invento y, a menudo, un acto de valor.