En Ayestarán sobra el cartel y falta la corriente: el octavo apagón nacional golpea al sector privado
Una panadería habanera con horario, precio y puerta cerrada resume lo que el colapso del SEN del 18 de septiembre le costó a los negocios cuentapropistas
Lila Fuentes
El colapso del Sistema Eléctrico Nacional del viernes 18 de septiembre —el octavo apagón total que sufre Cuba en 2026, según Diario de Cuba, OnCuba News y 14ymedio— dejó negocios privados cerrados o con la oferta reducida al mínimo. En una panadería de la calle Ayestarán, en La Habana, el cartel de horario y el precio del pan seguían en la vidriera; lo único que faltaba era la corriente para producirlo, reportó 14ymedio.
En resumen — El colapso del Sistema Eléctrico Nacional del viernes 18 de septiembre —el octavo apagón total que sufre Cuba en 2026, según Diario de Cuba, OnCuba News y 14ymedio— dejó negocios privados cerrados o con la oferta reducida al mínimo. En una panadería de la calle Ayestarán, en La Habana, el cartel de horario y el precio del pan seguían en la vidriera; lo único que faltaba era la corriente para producirlo, reportó 14ymedio.
"Cerrado" es la palabra que este sábado ocupaba el lugar más visible en la vidriera de una panadería privada de la calle Ayestarán, en La Habana, según describió el blog Generación Y de 14ymedio. Debajo del cartel, otro anuncio prometía un horario ambicioso, de 9:00 am a 9:00 pm, y junto a él seguía expuesto el precio de la bolsa de pan: 590 pesos. Había horario, había precio y había una puerta esperando que alguien la abriera. Lo único que faltaba, señaló el medio, era el pan.
Detrás de esa vidriera está el colapso del Sistema Eléctrico Nacional (SEN) ocurrido el viernes 18 de septiembre, el octavo apagón total que ha sufrido Cuba en lo que va de 2026, según coincidieron ese fin de semana Diario de Cuba, OnCuba News y el propio 14ymedio, que lo describió como "la octava desconexión total del sistema eléctrico nacional (SEN) en lo que va de 2026". El Ministerio de Energía y Minas (Minem) había informado el viernes, alrededor de las 2:00 pm hora local, de una nueva desconexión total y la activación de los protocolos de recuperación, de acuerdo con Diario de Cuba y OnCuba News. Para el sábado, mientras la Unión Eléctrica (UNE) anunciaba en Facebook que el sistema estaba "conectado en todo el país", la propia frase generó dudas entre usuarios en redes sobre si la reconexión de la transmisión equivalía a que la corriente hubiera regresado a los hogares, según recogió CiberCuba.
Ese desfase entre el parte oficial y la vida cotidiana es justamente lo que documentó 14ymedio en Ayestarán. "El nuevo colapso del sistema eléctrico nacional (SEN) ocurrido este viernes ha vuelto a golpear con fuerza a los negocios particulares", escribió el medio. Este sábado, muchos comercios "amanecieron con las puertas cerradas; otros abrieron con las neveras vacías, refrescos calientes o una oferta reducida al mínimo". La cuenta, según el reporte, se paga en tres monedas a la vez: "mercancía en riesgo, ingresos menoscabados y clientes perdidos", por cada hora sin corriente.
Para las panaderías el golpe llegó por partida doble. Antes de que el SEN volviera a desplomarse, la falta de gas manufacturado —debido a reparaciones anunciadas por Cuba Petróleo (Cupet)— ya había comprometido ese mismo viernes la producción de pan en La Habana, según detalló 14ymedio. Primero faltó el gas; después faltó la electricidad. El margen para "hacer milagros", en palabras del medio, se redujo considerablemente.
No es la primera vez que el archivo de este mismo desplome eléctrico se escribe sobre el sector privado. El 24 de julio, cuando otro apagón rompía la cadena de frío en almacenes, camiones y comercios, 14ymedio documentó cómo desaparecían de los refrigeradores los alimentos que requieren conservación, con clientes que abrían la puerta de una nevera en una tienda de La Puntilla y ya no esperaban encontrar una bandeja de pollo. El 16 de agosto, en Matanzas, el mismo medio relató cómo una vendedora llamada Milagros había sustituido los sillones del portal de su negocio por estantes de madera para sobrevivir con márgenes mínimos. Son escenas distintas, con nombres y calles distintas, pero la misma cuenta: cada corte reduce lo que un negocio pequeño puede ofrecer y cobrar.
En Ayestarán, sin embargo, el reporte de este fin de semana no se detuvo en el inventario perdido. Lo hizo notar contra el telón de fondo de otro discurso, el de las reuniones oficiales donde se habla de Inteligencia Artificial, transformación digital e innovación como herramientas para "sacar adelante la maltrecha economía cubana", según describió 14ymedio, que añadió la pregunta que falta en esos encuentros: "¿con qué electricidad?". Mientras funcionarios y académicos debaten sobre algoritmos y automatización, escribió el medio, "el pequeño empresario cubano libra una batalla tecnológica bastante más elemental": que el congelador se enfríe, que el horno caliente, que la batidora gire y que las luces se enciendan. Antes de que llegue el futuro digital, resumió 14ymedio, hace falta algo mucho más elemental: que la corriente no se vaya.
El cartel de Ayestarán seguía ahí el sábado por la tarde: el horario, el precio, la puerta cerrada. La tecnología que decidía si esa panadería abría o no, cerró 14ymedio, seguía siendo "bastante más antigua: un interruptor que al accionarlo consiga encender un bombillo".
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