El Laberinto de Díaz-Canel: Entre la "Resistencia Creativa" y la Realidad de la Sobrevivencia
Carmen Valdés
Miguel Díaz-Canel se encuentra en una encrucijada, liderando un país ahogado por una crisis económica sin precedentes mientras intenta mantener la cohesión social y enfrentar presiones externas. Su retórica de "resistencia creativa" choca brutalmente con la cotidianidad de los cubanos, marcada por la escasez, el desabastecimiento y una infraestructura en ruinas, al tiempo que navega un complejo tablero geopolítico.
En resumen — Miguel Díaz-Canel se encuentra en una encrucijada, liderando un país ahogado por una crisis económica sin precedentes mientras intenta mantener la cohesión social y enfrentar presiones externas. Su retórica de "resistencia creativa" choca brutalmente con la cotidianidad de los cubanos, marcada por la escasez, el desabastecimiento y una infraestructura en ruinas, al tiempo que navega un complejo tablero geopolítico.
La Habana, capital de una isla que muchos describen como bombardeada sin que hayan caído las bombas, presenta un rostro de deterioro palpable. Los edificios se desmoronan, la basura arde en las calles y los servicios básicos se desvanecen. En medio de esta realidad, el Gobierno cubano, con Miguel Díaz-Canel al frente, intenta proyectar una imagen de control y soberanía que contrasta drásticamente con la experiencia diaria de sus ciudadanos. Esta disonancia define hoy el liderazgo de Díaz-Canel, atrapado entre una crisis interna multifacética y una creciente presión internacional.
La economía cubana, que el mandatario busca mantener a flote, se ahoga en el desabastecimiento crónico. La situación del combustible es un claro ejemplo. Desde el 15 de mayo, los nuevos precios de la gasolina entraron en vigor, con la gasolina especial B-94 a 2 dólares el litro y el diésel regular a 2 dólares, gestionados por CIMEX, una corporación estatal vinculada a GAESA (Grupo de Administración Empresarial S.A., un conglomerado militar que controla buena parte de la economía). La paradoja es cruel: los precios están publicados, pero no hay combustible. La escasez es tan aguda que en La Habana solo despachan los servicentros reservados para vehículos estatales, MIPYMES (Micro, Pequeñas y Medianas Empresas) y extranjeros, dejando a los particulares en una búsqueda infructuosa. Llenar un tanque, con una tasa informal que supera los 500 pesos cubanos (CUP) por dólar, representa más de 900 o 1000 CUP por litro, una cifra demoledora para un salario estatal promedio, que apenas podría costear unos pocos litros al mes.
Las consecuencias de esta escasez se extienden al transporte público, que ha sufrido una reducción drástica. Rutas nacionales de ómnibus han sido disminuidas a solo tres frecuencias semanales entre La Habana y las cabeceras provinciales, mientras que destinos como Manzanillo y Baracoa tienen apenas una salida a la semana. Ante esto, el Ministerio de Transporte ha priorizado el uso de triciclos eléctricos y "ecomóviles", una respuesta que para muchos parece un regreso a tiempos pasados. La crisis energética es omnipresente: la termoeléctrica Antonio Guiteras, el mayor bloque unitario de generación, sufre averías "según lo previsto", agravando los apagones. En Santiago de Cuba, los residentes han denunciado cortes de hasta 24 horas consecutivas desde marzo, mientras el déficit de generación eléctrica a nivel nacional ha superado los 1.502 MW, según datos oficiales de la Unión Eléctrica (UNE).
Frente a esta realidad, la retórica oficial se aferra a la idea de "resistencia creativa", una frase acuñada por el propio Díaz-Canel. Sin embargo, para los cubanos, esta resistencia se traduce en una lucha diaria por la supervivencia. Una madre santiaguera, en una carta anónima dirigida al mandatario y publicada por CiberCuba, encapsuló el sentir popular al preguntar: "¿Cómo explico el hambre a un niño?". Su testimonio es un reflejo de la vida cotidiana en la Isla, donde cocinar con carbón o leña se ha vuelto la norma y la búsqueda de alimentos es una odisea constante. La carta desmonta el discurso oficial, señalando la desconexión entre el llamado a la resistencia y la urgencia de necesidades básicas como comida, medicamentos y electricidad.
En un intento de desviar la atención de la crisis interna, el Gobierno cubano ha recurrido a la amenaza externa. La publicación y posterior eliminación de una "Guía familiar para la protección ante una agresión militar" por la Defensa Civil, instando a preparar mochilas de emergencia con alimentos y medicinas, generó más burlas que temor. La ironía no pasó desapercibida: "¿Qué puede tener el pueblo de a pie para guardar en una mochila?", cuestionó una usuaria en redes sociales, reflejando la escasez crónica que hace inviables tales preparativos. Esta estrategia de invocar un enemigo exterior se entrelaza con informes sobre la adquisición de más de 300 drones de combate por parte de Cuba desde 2023, con la ayuda de Irán y Rusia, que según Axios estarían bajo consideración para posibles ataques a objetivos estadounidenses como la base naval de Guantánamo.
El panorama internacional también añade complejidad. Mientras la administración Trump endurece su campaña de presión con sanciones a entidades como GAESA y busca "dar un vuelco" a Cuba, una encuesta de YouGov, patrocinada por el Centro de Investigación Económica y Política (CEPR), reveló que el 64% de los estadounidenses se opone a una guerra con Cuba. Esto sugiere una desconexión entre la política de Washington y la opinión pública de su propio país, ofreciendo a Díaz-Canel un estrecho margen para negociaciones, las cuales ha reconocido estar llevando a cabo con Estados Unidos, según un artículo de 14ymedio. Este delicado equilibrio geopolítico no oculta la percepción de fragilidad del liderazgo cubano, que según el análisis de 14ymedio, teme un desenlace como el de Ochoa o Ceausescu, devorado por la misma maquinaria que ayudó a sostener.
Las respuestas del gobierno a la crisis de vivienda, por ejemplo, también reflejan esta disonancia. La entrega de contenedores chinos reciclados y convertidos en viviendas, con la presencia de Díaz-Canel, a madres solteras "militantes del régimen", es un gesto simbólico que no aborda la magnitud del problema habitacional en una Habana que parece una "ciudad bombardeada". Estas viviendas, entregadas en usufructo y no en propiedad, apenas rascan la superficie de una crisis que el artículo "La Habana después de la guerra" describe como un país "arrasado por un régimen más persistente que el fósforo blanco".
Díaz-Canel, heredero de un sistema centralizado y una economía precaria, se enfrenta al colapso de lo que se conoce como la "tarea única" –el proceso de ordenamiento monetario que buscaba eliminar el CUC y dejar solo el CUP, pero que en la práctica ha exacerbado las desigualdades y la dependencia de las divisas, en particular el dólar y la Moneda Libremente Convertible (MLC)–. Su gobierno es el rostro de una realidad donde el salario estatal no alcanza para lo más básico y el mercado informal, con sus propios tipos de cambio y cadenas de suministro, se convierte en la verdadera arteria de la economía. Las cifras oficiales, cuando se publican, suelen desdibujar un panorama mucho más sombrío, donde la opacidad es la norma.
En este contexto, la posición de Díaz-Canel es precaria. Es el rostro de un sistema que se desmorona, bajo la presión de un pueblo cansado y una comunidad internacional que oscila entre la confrontación y la negociación. Su desafío es inmenso: encontrar soluciones a una crisis que no parece tener fin, sin desmantelar los pilares ideológicos de un régimen que ha sido su base. La "resistencia creativa" se ha transformado en una lucha por la supervivencia, y la pregunta no es si el pueblo cubano seguirá resistiendo, sino cómo, y por cuánto tiempo, podrá el sistema mantener el control ante una realidad que lo supera.
Escrito por Carmen Valdés