El embargo que cobra: por qué el dinero circula hacia Cuba y la ayuda se queda varada
Mientras 45 buques estadounidenses hacen más de 200 viajes a la Isla y la embajada cubana en Washington factura 270 millones de dólares, miles de contenedores de comida y medicinas siguen atracados fuera de Cuba
Lila Fuentes
La semana confirma una paradoja que la retórica de "máxima presión" no explica: el comercio que genera ingresos —combustible, mercancía general, trámites consulares— sigue moviéndose entre Estados Unidos y Cuba en volúmenes sin precedentes desde antes de 1959, mientras la ayuda humanitaria sin margen comercial se acumula en los puertos. No es que el embargo funcione o no funcione: es que castiga selectivamente según quién puede pagar el riesgo.
En resumen — La semana confirma una paradoja que la retórica de "máxima presión" no explica: el comercio que genera ingresos —combustible, mercancía general, trámites consulares— sigue moviéndose entre Estados Unidos y Cuba en volúmenes sin precedentes desde antes de 1959, mientras la ayuda humanitaria sin margen comercial se acumula en los puertos. No es que el embargo funcione o no funcione: es que castiga selectivamente según quién puede pagar el riesgo.
En lo que va de 2026, unos 45 buques de carga han hecho más de 200 viajes desde puertos de Florida, Texas y Luisiana hasta Cuba, según datos comerciales revisados por Bloomberg y publicados por 14ymedio. Llevan combustible, alimentos, paneles solares, automóviles y motocicletas. El volumen, dice el reportaje, "no tiene precedente desde antes de 1959" y ya supera las compras cubanas a España y China, sus dos principales socios comerciales. Esos mismos días, una filtración de archivos internos de la Cancillería cubana —revelada por El Toque y recogida por Periódico Cubano— mostró que la embajada de Cuba en Washington recaudó más de 270 millones de dólares entre 2019 y 2025 por trámites consulares a la diáspora: pasaportes, prórrogas, visas. En 2022 la sede superó el 121% de su meta financiera en un solo mes, con más de 52 millones de dólares ingresados. Dos historias que, leídas por separado, son anécdotas. Juntas, señalan cómo funciona el cerco económico a Cuba: no bloquea el dinero, lo redirige hacia los circuitos que ya tienen margen para absorber el riesgo, y deja fuera a los que no.
El contraste se vuelve nítido junto a otra cifra que circula en paralelo: el gobierno cubano lleva desde julio denunciando que más de 7.000 contenedores con alimentos, medicamentos y equipos energéticos e hidráulicos permanecen retenidos en puertos del Caribe porque las navieras temen sanciones estadounidenses. El canciller Bruno Rodríguez lo resumió el 14 de septiembre acusando a Washington de causar "devastadoras consecuencias humanitarias" con sus "amenazas, presiones y chantajes", según OnCuba News. Días después, The New York Times —citado por el mismo medio el 18 de septiembre— confirmó que miles de contenedores de ayuda seguían varados porque grandes navieras habían suspendido o limitado sus operaciones con la Isla ante el riesgo de sanciones. La ONU en Cuba había dado la misma señal desde el 1 de septiembre: sus envíos marítimos enfrentaban "desafíos" que la obligaron a recurrir a transporte aéreo, "con más costos y demoras". México, según Periódico Cubano el 17 de septiembre a partir de la misma investigación del Times, terminó usando buques de su Armada para entregar alimentos, una vía extraordinaria que solo tiene sentido si la comercial ordinaria dejó de estar disponible para ese tipo de carga.
La clave no es que unas mercancías crucen y otras no: es cuáles. La naviera francesa CMA CGM ilustra el mecanismo. Suspendió sus envíos a Cuba el 13 de mayo, tras una orden ejecutiva estadounidense que amplió las sanciones, y los reanudó en septiembre —al menos cinco entregas desde julio y tres más programadas, según 14ymedio— pero solo para alimentos, medicamentos e insumos médicos. Los componentes para proyectos de energías renovables quedaron expresamente excluidos, según OnCuba News. La misma empresa, el mismo mes, decide qué carga vale el riesgo legal y cuál no: el combustible y la mercancía con comprador solvente —el Estado cubano, que paga en las condiciones que sea— encuentran naviera; la infraestructura energética alternativa, sin la misma urgencia comercial, se queda fuera del cálculo de riesgo-beneficio. El embargo no distingue entre lo humanitario y lo comercial: distingue entre lo que compensa el riesgo y lo que no.
Este patrón no es nuevo, solo se ha vuelto más visible. En agosto, Periódico Cubano ya había reportado que Cuba compró 95,7 millones de dólares en combustible a Estados Unidos en el primer semestre de 2026, según datos del Consejo de Comercio y Economía EEUU-Cuba (UCTEC); ese mismo reportaje señaló que la cifra contradice el argumento del gobierno cubano de que el embargo impide el acceso a suministros energéticos. Es el propio gobierno el que ahora insiste en que las "devastadoras consecuencias humanitarias" las provoca Washington. La recaudación consular añade una tercera capa: los 270 millones de dólares de la embajada no vienen del comercio bilateral sino de cubanos que salieron del país —muchos huyendo de la misma crisis que documentan las fuentes de este medio— y que necesitan pagar un pasaporte, una prórroga o un certificado para rehacer su vida fuera. El presupuesto de gastos operativos de la sede para 2025 rondaba los 2,4 millones de dólares frente a una meta anual de recaudación de 30 millones, un superávit que el propio documento filtrado describe como objetivo de gestión, no como efecto colateral. La migración masiva —el CFR estimó que hasta 2,75 millones de cubanos salieron de la Isla desde 2020— no daña las finanzas del Estado por esta vía: las alimenta.
Esto no significa que las sanciones sean un fracaso ni que las denuncias cubanas sobre los contenedores retenidos sean simple propaganda: el reportaje del Times, la ONU y México con sus buques militares documentan un costo humanitario real, verificado por fuentes independientes al régimen. Significa que el diseño del cerco —sanciones amplias, aplicadas por actores privados que gestionan su propio riesgo legal, sin excepción humanitaria garantizada— produce un resultado que ninguna de las dos narrativas oficiales describe con precisión. La lógica de las navieras y de los ingresos estatales, cuando pueden elegir, mueve dinero hacia el combustible, la mercancía general y los trámites consulares, y deja fuera lo que no ofrece el mismo respaldo comercial. A esa ecuación se suma ahora una variable sin traducción económica todavía clara: CBS News reveló esta semana que la Reserva del Ejército de Estados Unidos evalúa enviar refuerzos policiales, personal médico y unidades de apoyo al Comando Sur en un plazo de 90 a 120 días, según un documento interno recogido por Diario de Cuba y OnCuba News. Pero el patrón medible hoy, con cifras de varias fuentes y un período de apenas tres meses, es este: el flujo de dinero entre Estados Unidos y Cuba no se ha detenido bajo la "máxima presión" declarada por la Casa Blanca. Se ha reordenado. Y ese reordenamiento decide, buque por buque y contenedor por contenedor, qué necesidad cubana encuentra comprador y cuál se queda esperando en un puerto del Caribe.
Escrito por Lila Fuentes
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