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El decreto que Cuba tuvo que desmontar en dos meses: el ciclo del aceite y el retroceso provincial

La Resolución 150/2026 eliminó los topes de precios al aceite y otros alimentos; en menos de dos meses, media docena de provincias los reimpuso ante una escalada que el propio Gobierno reconoció como un fracaso

Lila Fuentes
El decreto que Cuba tuvo que desmontar en dos meses: el ciclo del aceite y el retroceso provincial
Imagen ilustrativa generada con IA

La Resolución 150/2026, que en junio eliminó los topes de precios al aceite y otros alimentos básicos, disparó una escalada de precios que en agosto llevó el litro de aceite hasta 7,000 pesos en algunas provincias. Ante el fracaso reconocido por el propio Gobierno, media docena de administraciones provinciales volvieron a topar precios en menos de dos meses, mientras el régimen combina esa marcha atrás con amenazas de multas y decomisos contra los negocios privados.

El decreto que Cuba tuvo que desmontar en dos meses: el ciclo del aceite y el retroceso provincial

La Resolución 150/2026 eliminó los topes de precios al aceite y otros alimentos; en menos de dos meses, media docena de provincias los reimpuso ante una escalada que el propio Gobierno reconoció como un fracaso

En resumen — La Resolución 150/2026, que en junio eliminó los topes de precios al aceite y otros alimentos básicos, disparó una escalada de precios que en agosto llevó el litro de aceite hasta 7,000 pesos en algunas provincias. Ante el fracaso reconocido por el propio Gobierno, media docena de administraciones provinciales volvieron a topar precios en menos de dos meses, mientras el régimen combina esa marcha atrás con amenazas de multas y decomisos contra los negocios privados.

Maday Cuba Tamayo publicó una fotografía en Facebook con una botella de aceite de girasol y un paquete de salchichas en las manos. A menos de tres semanas de que sus hijos regresen a clases, la pregunta que planteó no tenía respuesta fácil: «¿qué van a llevar los niños de merienda a la escuela?». Recordó que hace unos meses la merienda ya era pan con aceite o pan con perrito caliente, «y se pasaba trabajo porque no todo el mundo puede». Ahora, escribió, con el aceite a 4,000 pesos y las salchichas a 1,200, ni siquiera esas opciones mínimas están al alcance de la mayoría, «sin hablar de uniforme, mochila y zapatos... y transporte», según su publicación citada por CiberCuba.

El reclamo de Cuba Tamayo no es un caso aislado ni el desenlace de una escasez cualquiera: es el síntoma más visible de un experimento de política económica que el propio Gobierno cubano inició, vio fracasar en cuestión de semanas y ahora desmonta provincia por provincia, sin admitirlo como retroceso.

El origen tiene fecha y nombre: la Resolución 150/2026 del Ministerio de Finanzas y Precios, publicada en la Gaceta Oficial el 20 de junio de 2026, eliminó los topes de precios minoristas para aceites comestibles importados, pollo troceado, leche en polvo, pastas alimenticias y salchichas, según reportó CiberCuba. Antes de esa medida, el litro de aceite tenía un precio tope de 990 pesos cubanos. La resolución formaba parte de un paquete más amplio, conocido como las 176 medidas, con el que el Gobierno buscaba —según su propio diagnóstico, reconocido en junio— corregir el fracaso de los controles de precios que, admitió entonces, «en la práctica, no lograron contener la inflación», según recogió Diario de Cuba.

La lógica declarada era clásica: si el Estado deja de fijar precios artificialmente bajos, la oferta debería normalizarse y la escasez ceder. Ocurrió lo contrario. El litro de aceite pasó de 1,500 pesos en abril a 2,000 en junio, 2,500 en La Habana a finales de julio, y entre 4,000 y 7,000 pesos en distintas provincias a inicios de agosto, de acuerdo con el recuento de CiberCuba. En Sancti Spíritus, el precio subió de 2,000 a 3,000 pesos en menos de 24 horas el 24 de julio. Para el economista Pedro Monreal, citado por Diario de Cuba, «el enfoque de las 176 medidas se destiñó en menos de dos meses» y el rápido retorno a los topes genera un efecto negativo sobre la credibilidad de todo el paquete.

El salario mínimo cubano, fijado en 3,210 pesos en julio, no alcanzaba siquiera para comprar un litro de aceite cuando este llegó a 6,000 pesos, según una columna de OnCuba News que analizó la crisis. La comparación no requiere cálculo adicional: la cifra del salario y la del precio provienen de la misma nota, y hablan por sí solas de una brecha que ningún ajuste salarial reciente ha cerrado.

Lo que siguió fue un retroceso desordenado y localizado. Guantánamo, Moa y Banes fijaron en agosto un precio de referencia de 2,200 pesos para el aceite —a contracorriente de las 176 medidas nacionales— ante «el alza descontrolada del producto en el mercado minorista», según OnCuba News y CiberCuba. Villa Clara aprobó el Acuerdo No. 127 del Consejo Provincial del Poder Popular, que topó el huevo en 110 pesos y el aceite en 2,500, aunque los precios reales ya superaban esos topes recién fijados, reportó CiberCuba. Matanzas se sumó poco después, según OnCuba News. Cada una de estas decisiones locales contradice, en los hechos, la resolución nacional que en junio había prometido lo contrario: dejar que el mercado fijara los precios.

El patrón no es solo económico, es también administrativo: un Gobierno central que anuncia una liberalización, gobiernos provinciales que la revierten semanas después ante la presión de sus propios electores, y un régimen que, atrapado entre ambas señales, opta por una tercera vía —la represión selectiva— en lugar de resolver la contradicción. Diario de Cuba documentó que el régimen recurrió a amenazas de decomisos contra los negocios privados apenas reconoció el fracaso de los topes, y Periódico Cubano registró una ofensiva similar de inspecciones, multas y cierres contra mipymes en La Habana y otras provincias, dirigida a frenar mediante sanciones un alza de precios que las propias medidas oficiales no lograron contener. 14ymedio tituló el resultado: «con precios topados, controles de beneficios y multas, las provincias anulan las reformas del Gobierno cubano», y describió que la población recibe con escepticismo la nueva «ofensiva contra ilegalidades», que en la práctica agrava el desabastecimiento en lugar de aliviarlo.

La cascada no se detuvo en el aceite. Cuando el sustituto tradicional —la manteca de cerdo— también empezó a escasear, los cubanos encontraron una nueva cola que hacer desde la madrugada. «Yo me levanté tempranito para conseguirlo, pero descubrí que la cola del gordo empieza de madrugada. Llegué pensando que había madrugado… ¡y ya había gente que llevaba media vida allí!», relató el cubano Yaudel Rodríguez Vento en una publicación de Facebook recogida por CiberCuba. Su conclusión, formulada como ironía, funciona también como diagnóstico: «cada vez que aparece una carencia, nosotros encontramos una manera de complicarla más». En junio, el propio ministro de la Industria Alimentaria, Alberto López Díaz, había reconocido públicamente que durante todo el año no se pudo distribuir aceite a través de la canasta familiar normada, según recogió CiberCuba —una admisión oficial de que el problema de fondo nunca fue solo el precio, sino la producción y la distribución que ningún decreto sobre topes o su ausencia puede sustituir.

Lo que revela el ciclo de la Resolución 150 no es un error puntual de cálculo, sino el límite estructural de intentar resolver con instrumentos de precio —topar o destopar— una crisis cuya raíz está en la producción, la divisa y la logística. El dólar cerraba este sábado en 664 pesos cubanos en el mercado informal, con una caída semanal del 1.3% frente a los 673 CUP de hace siete días, según el reporte de cambio de CiberCuba, una calma cambiaria que contrasta con la volatilidad de los precios de los alimentos y confirma que el problema del aceite no se resuelve moviendo un decreto de un lado a otro del péndulo. Cada vez que el Gobierno destopa, la escasez se traduce en precios que el salario no cubre; cada vez que las provincias vuelven a topar, la escasez se traduce en anaqueles vacíos y colas de madrugada. Maday Cuba Tamayo no eligió entre esas dos opciones cuando fotografió su botella de aceite: solo constató que, bajo cualquiera de los dos regímenes de precios ensayados este año, la pregunta sobre qué merienda llevarán los niños a la escuela sigue sin respuesta.

Escrito por Lila Fuentes

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