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El 11-S que cada bando cubano usa para no hablar del presente

Un mismo aniversario, tres relatos oficiales enfrentados —y los hechos que ninguno de ellos explica

Lila Fuentes
El 11-S que cada bando cubano usa para no hablar del presente
Imagen ilustrativa generada con IA

El 25 aniversario del 11-S de 2026 mostró un patrón que ningún artículo aislado revela: gobiernos de ambos lados del Estrecho de Florida convirtieron la fecha en un instrumento retórico —Cuba para reclamar su propio estatus de víctima del terrorismo, Florida para institucionalizar en las escuelas la memoria de los crímenes del comunismo— mientras hechos concretos de esa misma semana, como la represión con desnudez forzada contra dos opositores o la detención migratoria de un músico cubano, complican ambas versiones oficiales.

El 11-S que cada bando cubano usa para no hablar del presente

Un mismo aniversario, tres relatos oficiales enfrentados —y los hechos que ninguno de ellos explica

En resumen — El 25 aniversario del 11-S de 2026 mostró un patrón que ningún artículo aislado revela: gobiernos de ambos lados del Estrecho de Florida convirtieron la fecha en un instrumento retórico —Cuba para reclamar su propio estatus de víctima del terrorismo, Florida para institucionalizar en las escuelas la memoria de los crímenes del comunismo— mientras hechos concretos de esa misma semana, como la represión con desnudez forzada contra dos opositores o la detención migratoria de un músico cubano, complican ambas versiones oficiales.

El viernes 11 de septiembre de 2026, mientras Estados Unidos marcaba 25 años de los atentados que dejaron casi 3.000 muertos, la prensa oficial cubana desplegó una operación que 14ymedio tituló, con una frase castiza, el "y yo más". El canciller Bruno Rodríguez Parrilla recordó los "trágicos y lamentables actos terroristas" de 2001 y, sin transición, giró hacia la Isla como víctima de "más de seis décadas" de terrorismo, según 14ymedio. Meses antes había proclamado que Cuba posee "un historial limpio contra el terrorismo, el crimen internacional organizado y la violencia". El mismo medio recuerda que hace seis años Granma ya había titulado, sin ironía, que Cuba es "el país que más ataques terroristas ha recibido durante más tiempo". La coreografía se repite cada aniversario porque cumple una función: coloca a Cuba en el podio moral de la fecha más sensible del calendario estadounidense, un lugar desde el que resulta más difícil interrogar al régimen sobre lo que ocurre puertas adentro.

Ese mismo viernes, puertas adentro, ocurrió algo que la retórica oficial busca desplazar del centro de atención. Según denunció la organización de derechos humanos Justicia 11J, agentes represivos interceptaron en la vía pública a los activistas Mario Víctor Liquí Rodríguez y su esposa Margarita Barceló Prohías y los "trasladaron contra su voluntad hasta una zona apartada de Casablanca, en La Habana". Allí, de acuerdo con la denuncia, "ambos fueron obligados a desnudarse completamente, fotografiados o grabados desnudos y amenazados para que abandonaran sus actividades disidentes"; después les quitaron el teléfono celular a Liquí Rodríguez y los abandonaron en el lugar. Justicia 11J calificó los hechos de "extrema gravedad" y pidió "identificar a los responsables". El caso no es aislado: la misma organización documentó un episodio similar de desnudez forzada contra el expreso político Mario Alberto Hernández Leyva, denunciado por el activista José Díaz Silva. Un Estado que ese mismo día se presenta ante el mundo con un "historial limpio contra el terrorismo, el crimen internacional organizado y la violencia" —la frase es de Bruno Rodríguez— recurre, puertas adentro, a la humillación sexual como herramienta de disciplina política.

La política de memoria no corre en una sola dirección. El jueves anterior, en Miami, el gobernador de Florida Ron DeSantis presentó, en el Museo de la Brigada 2506, los nuevos estándares educativos sobre "la historia del comunismo" que rigen las escuelas públicas del estado desde el curso 2026-2027 para alumnos de sexto a duodécimo grado, según Periódico Cubano. El currículo cubre la Revolución Cubana, el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate, el Gran Salto Adelante de Mao y la Masacre de Tiananmén. "Florida se enorgullece de ser el faro de la libertad para quienes escaparon de los terrores del comunismo", escribió DeSantis en X. Es memoria institucionalizada por decreto estatal, igual que la de Bruno Rodríguez lo es por cancillería: ambas fijan por ley una lectura del pasado en fechas cargadas de simbolismo —el 11-S, el museo de los veteranos de Bahía de Cochinos— y ninguna rinde cuentas sobre el presente que administra. La Habana no explica los desnudos forzados de esa misma semana, y el anuncio de Tallahassee no menciona que músicos cubanos llegados legalmente —como el pianista Andy García Palacios, liberado bajo fianza ese mismo viernes tras casi un mes detenido por el ICE, según confirmó su abogado Avelino González a la periodista Maylin Legañoa de Telemundo 51— pueden pasar semanas en detención migratoria por una autorización vencida.

Entre esos dos relatos hay un tercero, menos armado pero igual de revelador: el de quienes repiten el guion cubano sin vivir sus consecuencias. En la sede de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior de México, un grupo de funcionarios de la Secretaría de Educación Pública corearon "Cuba sí, yanquis no" el 25 de agosto durante la visita del ministro cubano de Educación Superior, Walter Baluja García, según Periódico Cubano. Entre los presentes estaba Ramón Jiménez López, director del Tecnológico Nacional de México —250 planteles, más de 600.000 estudiantes—, y los asistentes hablaron de ampliar los vínculos con la Isla en el terreno ideológico. Lo que sí quedó registrado con nombre propio fue lo que dijo el propio Baluja, describiendo sin querer el reverso del elogio que estaba recibiendo: "un trabajador de la Unión Eléctrica de Cuba se pasa 12, 14, 16 horas subido en postes para poder hacer una rotación más justa de la energía, y cuando esta persona llega a su casa, tampoco tiene electricidad [...] y como él están los maestros, los médicos". La solidaridad ideológica y el reconocimiento del colapso salieron del mismo acto.

Hay, además, un artefacto físico que resume cuánto de esta disputa sigue ocurriendo bajo las reglas de una guerra que nunca se declaró terminada. Sobre Cudjoe Key, a 185 kilómetros de La Habana, opera desde los años 80 un aeróstato de vigilancia conocido como "Fat Albert", instalado originalmente para sostener las transmisiones de Radio y TV Martí hacia la Isla. Su presencia obliga a los vuelos comerciales sobre los Cayos de Florida —una zona plana, a nivel del mar— a mantener una altitud mínima de 15.200 pies, frente a los 13.600 pies que exige cruzar los Pirineos, según explicó el piloto de Boeing 787 Alfonso de Bertodano en su canal @perdiendoelmiedoavolar. La diferencia entre ambas cifras —1.600 pies— es un cálculo de este medio a partir de los números que dio el piloto, no una comparación que él mismo formulara: una estructura de la Guerra Fría sigue exigiendo, según esa aritmética, más altura que una cordillera real. Es prueba de que la infraestructura del conflicto —la retórica, el currículo escolar, el aeróstato— sobrevivió a los hechos que la originaron.

Lo que esa arquitectura no logra ocultar, aunque la fecha se preste para ello, es lo que sigue pasando en los márgenes de ambos relatos. La Guardia Costera de Estados Unidos repatrió el jueves a 14 balseros cubanos interceptados a 13 millas de cayo Elbow, en "una embarcación rústica"; uno de los 15 rescatados fue evacuado por su estado de salud, según la propia Guardia Costera. "Los cubanos no deberían arriesgar sus vidas al mar para intentar entrar ilegalmente en Estados Unidos", declaró el teniente comandante Jon Girot, identificado por la Guardia Costera como su oficial de enlace ante la Embajada de EEUU en La Habana. Y mientras el hijastro de Díaz-Canel, Manuel Anido Cuesta —sancionado por Washington por sus vínculos con el poder, según ha reportado este medio— protagoniza especulaciones sentimentales en cuentas de farándula, dos opositores anónimos para la prensa internacional volvían a casa esa misma noche, desnudos en la memoria de lo que les hicieron, sin que nadie en Casablanca les preguntara qué historia debían contar sobre sí mismos.

Escrito por Lila Fuentes

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