Dos velocidades para una misma capital: proteger al poder mientras la ciudad se queda sin agua
El mismo fin de semana en que un despliegue militar resguardó la salud de Raúl Castro, La Habana repitió su otra rutina: vecinos sin agua, un liniero muerto y camiones de basura que "no son la solución definitiva"
Lila Fuentes
Un análisis de la cobertura del 5 y 6 de septiembre sobre La Habana muestra dos sistemas operando sobre el mismo territorio: uno que moviliza generales, ceremonias y desmentidos familiares para sostener la salud y la imagen de Raúl Castro, y otro que no logra sostener el agua, la basura ni la electricidad para el resto de la ciudad. La protesta de vecinos en Diez de Octubre, que impidieron conectar el agua a una instalación militar antes que a sus propias casas, es el punto donde ambos sistemas se cruzan.
En resumen — Un análisis de la cobertura del 5 y 6 de septiembre sobre La Habana muestra dos sistemas operando sobre el mismo territorio: uno que moviliza generales, ceremonias y desmentidos familiares para sostener la salud y la imagen de Raúl Castro, y otro que no logra sostener el agua, la basura ni la electricidad para el resto de la ciudad. La protesta de vecinos en Diez de Octubre, que impidieron conectar el agua a una instalación militar antes que a sus propias casas, es el punto donde ambos sistemas se cruzan.
El sábado 5 de septiembre, un despliegue militar y policial inusual rodeó el Centro de Investigaciones Médico Quirúrgicas (CIMEQ), el hospital reservado a la cúpula cubana, en un perímetro que conectaba el centro con La Rinconada, zona de residencias del alto mando, según reportó Diario Las Américas y recogió Periódico Cubano. El operativo llegaba tras una semana de rumores —alimentados por un audio no verificado y por declaraciones de Luis Quiñonez en el programa América Noticias— sobre un accidente cerebrovascular o incluso la muerte de Raúl Castro, de 95 años. Horas después, la televisión estatal mostró al exgobernante en un acto público, y el aparato que lo rodea —seguridad personal, propaganda, familia— entró en marcha para cerrar el episodio. A pocos kilómetros, ese mismo fin de semana, un liniero de 32 años moría electrocutado reparando un transformador en Guanabacoa y una familia de Diez de Octubre se plantaba en la calle para que el agua no llegara antes a un cuartel que a sus casas: la fotografía de dos sistemas de gestión operando sobre el mismo territorio.
El primero es el sistema que protege el poder. La reaparición de Raúl Castro se produjo en un acto por el 65 aniversario de la Dirección de Seguridad Personal del Ministerio del Interior, fundada el 6 de septiembre de 1961, según reportó CiberCuba. Fue el general de brigada Emir Mesa Corona —jefe de esa dirección desde hace casi tres décadas de cercanía al poder, sin biografía oficial conocida ni fecha de nacimiento pública, según el perfil publicado por 14ymedio— quien le entregó el reconocimiento por su condición, junto a Fidel Castro, de fundador del cuerpo, según CiberCuba. Allí, el repentista oficialista Marcos David Fernández Brunet improvisó una décima dedicada a Raúl Castro que, según CiberCuba, insistía en que el general seguiría con vida pese a los rumores sobre su salud, ante la que su nieto Raúl Guillermo Rodríguez Castro, conocido como "El Cangrejo", se emocionó visiblemente —escena que las redes sociales bautizaron, con ironía, "lágrimas de cangrejo", según CiberCuba. Otro nieto, Sandro Castro, reforzó el desmentido por su cuenta: en Instagram aseguró que su tío abuelo "camina un kilómetro diario" para "mantenerse saludable", según Periódico Cubano. El despliegue del CIMEQ, la reaparición televisada y las redes familiares no son hechos aislados: juntos son la maquinaria que el Estado activa cuando está en juego la continuidad simbólica del liderazgo histórico.
El segundo sistema es el que administra lo que le queda a esa misma capital. Aguas de La Habana admitió ya en abril el colapso del abastecimiento "en prácticamente todas las localidades habaneras", con 200.000 personas afectadas, según un reportaje de 14ymedio del archivo de este medio. Cinco meses después, el 4 de septiembre —dos días antes de la ceremonia por Raúl Castro—, Díaz-Canel prometía "resolver el problema del agua en La Habana" aunque persistan los apagones, según OnCuba News. La causa estructural es la misma en ambos casos: el 87% del sistema de bombeo de la capital depende de la red eléctrica, según recogió CiberCuba sobre la protesta de Diez de Octubre; en agosto, una rotura en la Cuenca Sur dejó sin agua a seis municipios y obligó a movilizar pipas de las Fuerzas Armadas. La basura repite el patrón: en febrero solo 44 de 106 camiones recolectores estaban operativos —41% de la flota— y la capital dejaba sin recoger hasta 23.814 de los 24.000-30.000 metros cúbicos diarios que genera, según CiberCuba. El viernes 5 de septiembre el régimen presentó, para paliarlo, 20 camiones y más de 240 contenedores chinos, con un costo superior al millón de euros, en un acto encabezado por la viceprimera ministra Inés María Chapman. Las propias autoridades admitieron sus límites: "Eso va a resolver una parte del problema que tenemos hoy crítico, pero no es la solución definitiva", según CiberCuba.
Entre esos dos sistemas —el que blinda y el que administra la escasez— hay un punto donde se tocan: Diez de Octubre. Residentes del albergue Cataluña, en Vista Alegre, Lawton, se plantaron el sábado frente a trabajadores de Aguas de La Habana para impedir que se conectara una instalación militar identificada por los vecinos como "el Poligráfico" a la conductora del municipio, según el periodista Magdiel Jorge Castro, recogido por CiberCuba. La razón fue literal: esos vecinos carecen de agua corriente y dependen de pipas, mientras las autoridades pretendían garantizar el suministro directo al cuartel. "Salieron de aquí todos los vecinos a imponerse a eso, porque aquí no llega el agua, pero arriba de eso le iban a poner a ellos el agua para que sí les llegara", relató una residente al periodista. Hubo presencia policial y, según los testimonios recogidos, de un general. Las obras se detuvieron y las autoridades prometieron más pipas, promesa que al día siguiente seguía sin cumplirse. Es la escena que condensa la tesis: cuando la infraestructura falla para todos, la prioridad de reconexión revela a quién sirve primero el sistema que la administra.
Esa misma lógica de doble vara atraviesa el camión de aceite volcado en La Lisa el 4 de septiembre. La vocera oficialista Elizabeth Ferrer presentó el hecho como un accidente controlado por la policía, tras el cual los dueños de la mercancía decidieron "regalar" el aceite a los vecinos, según Periódico Cubano. La versión contradijo las imágenes difundidas inicialmente en redes, con personas subidas al camión sacando cajas y botellas. "Yo vi a muchas personas con pomos de aceite y arriba del carro (…) qué manera de cambiar la película", escribió el usuario Lázaro González en los comentarios de la propia publicación de Ferrer. El episodio no prueba por sí solo un patrón de manipulación, pero ilustra cómo, ante la escasez, el relato institucional y el de la calle rara vez coinciden —el mismo desfase entre el anuncio de camiones chinos y los 23.814 metros cúbicos de basura sin recoger, o entre la promesa presidencial sobre el agua y los vecinos que, días después, seguían cargando cubos.
Ninguno de estos hechos —el CIMEQ, la ceremonia de seguridad personal, la protesta de Diez de Octubre, la muerte del liniero de Guanabacoa, el camión de aceite de La Lisa— ocurrió por separado en el calendario: todos caben en un mismo fin de semana de la misma ciudad. Lo que los conecta es lo que cada fuente registró en su terreno: un aparato capaz de movilizar tropas, generales y una industria de la imagen para sostener la salud pública de un hombre de 95 años, sobre la misma capital donde una brigada eléctrica de otra provincia repara transformadores sin certeza de puesta a tierra, donde una familia sin agua se para en la calle para que no llegue primero a un cuartel, y donde "no es la solución definitiva" es, según sus propios funcionarios, lo máximo que se le puede prometer a quien reclama un servicio básico.
Escrito por Lila Fuentes
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